lunes, 27 de febrero de 2017

Ayer al atardecer,  venciendo en algo la pereza y en más el sosiego, salí a caminar, siempre por el mismo cuadrante, por calles largas lindantes  a la naturaleza arada. Miro los cinamomos adornados con sus frutos blancos y a los frágiles tarayes esperando la primavera, es como otras muchas tardes,
pero, al dar la vuelta y tomar la dirección a casa, me distancio un poco de mis pasos de ida y cruzo el seto de romero que separa, en solo unos metros, lo cotidiano. Ya los ojos miran más atentos y el aire sopla más alado y fresco al rostro. Yendo con este ánimo unos pocos metros, me llama la atención el destello en una ventana de un piso bajo  con la persiana subida hasta arriba y el fondo oscuro. Me acerco, sin querer ser entrometido ni indiscreto, y continúo el acercamiento cuidadoso hasta que adivino y paro, ¡son luces de Navidad!, y sonrío, tal vez porque estando fuera de época titilan más infantiles.


Sigo en la vuelta y al poco otra luz, ahora  en el cielo, menos llamativa, apenas un punto que está orientado al sur-oeste, la única estrella, el astro vespertino, sin nada más, el resto un oscuro lejano.


Solo queda llegar.

en el cielo Venus,
y en la ventana
luces de Navidad.

miércoles, 8 de febrero de 2017


Camino otra tarde más entre las seis y el ocaso, entre mi calle arbusta y el ocaso geográfico de la Universidad. Ya me he acostumbrado a la tristeza de los árboles podados, y al viento que enfría las caras y así, en el hábito del invierno, puedo ir pendiente de los reflejos, los perros y las sombras.

En un tramo, cuando el sol pierde ya ganas, atraviesan rayos sueltos los setos de una manera sutil, que parecen más caricia que cuchillada, y es en ese detalle, cuando se proyecta, se insinúa sobre la arena la sombra no tan oscura, casi verde de las pequeñas hojas.

Pero no solo naturaleza, es el contraste, el aburguesamiento poético del rosicler,  los coches en su vaivén,  los semáforos en su mutación, y  un puente que dicen que no cruza.

El espectáculo de las sombras aladrilladas.

miro al suelo,
en el ocaso
verdean las sombras