lunes, 13 de febrero de 2012
domingo, 12 de febrero de 2012
Alejandrina
- Alejandrina, la verdad es que tuvo mala suerte, de joven era bonica, como la que más, y se casó con uno del pueblo, uno normal, como tú o yo, uno que tampoco era muy espabilao, camionero, hasta que un día se dio una hostia que casi se mata, el camión quedó destrozao, y él se salvó de milagro, quedó con magulladuras y poco más, pero a los cuatro meses, posiblemente a consecuencia de hostiazo, se le fue la cabeza, tuvo que ser eso, lo tuvieron que ingresar en un psiquiátrico, y ahora está mejor pero es aún menos espabilao, con alguna tontería que le da por decir, por ejemplo, está jugando al tute y dice: - din-don, tocan a muerto, el cura está a punto de venir; y sigue, serio, como si nada, aparte de eso tiene un invalidez pero trabaja en el campo como el que más, como tú o yo, pero de cuando en cuando lo vuelven a ingresar, no debe estar muy bien aunque trabaje.
- Alejandrina está envejecida, se apaña los domingos con un vestido de flores muy bonico y se va sola al bar del Boniato a tomar una cerveza sin vaso, es de mi quinta, tiene dos guachos, el pequeño ha salido a su padre, no le ha hecho falta hostiazo y la mayor es guapa como su madre, por que su madre de joven era muy guapa, como la que más del pueblo.
- Alejandrina es de mi quinta, si alguna vez la veo en el bar, me dice que tenemos que ser consuegros, su guacha para mi guacho, su guacha está muy grande para su edad, me dice que le dice a su Jessica que trate con cariño a mi Álvaro, que lo mime, nos reímos, y le digo que si su Jessica pilla a mi Álvaro, lo destroza.
-Alejandrina es guapa, pero tiene pocas tetas, nunca tuvo, se las apaña los domingos con un traje nuevo de flores, los ojos los tiene tristes, menuda carga le ha tocado en la vida, nos quejamos y no sabemos lo que tenemos. De guachos éramos vecinos. Mi padre y el suyo, y otro vecino se sentaban en la puerta todas la noches de verano, estaban propios, mi padre tenía la costumbre de sentarse con la silla al revés, como si cabalgara en una mula, Alejandrina se reía de esa costumbre, y siempre que la veo sola en la barra del bar, los domingos, tomando una cerveza sin vaso, se ríe y me lo recuerda.
- ¡La verdad es que, pobrecilla, la vida que le ha tocado vivir.!
miércoles, 1 de febrero de 2012
En ocasiones
Me repito
te repito
repito las cosas
lo sé, lo sé, lo sé
igual que hizo mi madre
igual que hizo mi madre
pero no puedo evitarlo
no puedo...
evitarlo
quisiera que fueras feliz
feliz
que sonrieras siempre
con esa sonrisa limpia que enamora
a quien posiblemente no quieres que se enamore
posiblemente
que no brillaran tus ojos por lágrimas ahogadas
entre los párpados y los suspiros
y que no te perdieras demasiado
mientras encuentras tu camino
el camino
por eso me repito,
te repito
repito las cosas
igual que hizo mi padre
igual que hizo mi padre
para que cuando caigas puedas levantarte
y si fuera posible que no cayeras
para que estudies
para que no se te ocurra probar la droga
para que tengas siempre la cabeza sobre los hombros
para que seas buena persona
buena persona
para que seas feliz
para que seas feliz
en fin
¡entiéndeme, hija, si me repito!
¡entiéndeme si me repito!
lunes, 30 de enero de 2012
Al madrugar los sábados de enero es posible ver el campo helado, los brotes de rocío, que se quedan dibujados como estrellas sobre la tierra parda, y los colores del amanecer tintineando en las nubes del horizonte.
Es curioso, al mirar a la gente que pasa a mi lado observo como todo el mundo va bien abrigado para ir a ningún sitio, trazando un círculo, más o menos perfecto, que desemboca en la leña eléctrica del hogar. Caminan deprisa y mirando el reloj, un reloj que marca el descanso y el tranco.
Quiero deciros que voy a mi aire, y mi aire es lento, me adelanta abuelas con bastón y toca, mujeres con el carrito de la compra y ciclistas con las ruedas pinchadas; pero se necesita espacio para mirar las ramas más tristes de los árboles de invierno, las piedras descolocadas entre las flores amarillas y los hilos de hielo de las telarañas. Las horas se escapan mirando, un mirar por mirar, ¡ya te digo! desde el rosicler del horizonte hasta el brillo de un insecto.
En invierno, a pesar de todo lo que encuentro, sigo buscando zapatos de fiesta abandonados en la hierba pero, solo hallo el reposo de botellas de cerveza rotas en el puente de madera.
¡aunque pasen frío!
botellas de cerveza
manchan el puente.
miércoles, 18 de enero de 2012
Manhatan
A las cuatro de la mañana despega un vuelo Madrid-Nueva York, no viajo para allá desde hace tiempo, en esta ocasión presiento que solo será para reconocer a los desprestigiados que duermen bajo sus puentes y conquistar la última moda, recién lavada, en el mercadillo de Chinatown.
Tomo un taxi que me abandona en Elizabeth Street 10, allí compro ,en el primer puesto que paro, unos pantalones rotos-anchos y camisetas que parecen cosidas en un entresuelo después, inevitablemente, regreso a los puentes que cruzan el Hudson y busco un banco en blanco y negro para ver comodamente la vida pero de otra manera. Por allí pagan peaje hombres derrotados, bebiendo directamente de una botella censurada y arrastrando en carritos robados los recuerdos que otros reciclan; cuando llega la noche se tapan, se ocultan, con la ironía de las noticias bursátiles.
Pero el Sol, ajeno a mi estado de ánimo, realiza su puesta en escena, cambiando de vestuario a cada minuto, pasando del brillo de las lentejuelas a la templanza de una capa de estrellas, inundando la ciudad con efectos especiales de purpurina infantil y música de cláxones y taconeos perdidos; precioso, espectacular, ¡lástima que no sepa inglés!.
domingo, 15 de enero de 2012
La luna cambia, cada día, y a cada paso, y a cada hora y se pone un vestido distinto, de vez en vez, y trasforma su figura - más o menos gibosa - y regula la intensidad de luz y el color, y el tamaño,y la posición en el cielo
Ayer anochecía alrededor de su luz prestada, sin nubes , y todo el mundo en la senda se dirigía hacia ella sin desvíos, igual que quien va a una estación de ferrocarril,- unos tocan el billete en su bolsillo y otros esperan -.
A pesar de que iba rápido no miraba las pocas piedras que saltean el camino, ni las flores desnudas de invierno, ni el césped recién regado, ni las zapatillas nuevas; solo a la luna, grande y con aura de niebla y seda.
Y esta ahí cada noche, casi cada noche, y no me canso de mirarla igual que si fuera fuego de leña.
noche sin nubes,
ilumina el camino
la luna llena.
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