martes, 7 de agosto de 2018




Son las 17,38, se viene presintiendo la tormenta, han avisado. La tarde va convirtiéndose en truenos, como redobles de tambores de lluvia de guerra.

Pero de momento solo unas gotas;  sube el olor y entra por la ventana, es a lluvia caliente. Unas pocas gotas, que resuenan sólidas contra los ladrillos del patio interior.
La batalla en el cielo relampaguea. Un trueno y otro,  bronco con gritos  de aguardiente.

Silencio.


Tal vez ...si nos mantenemos ocultos, con las luces apagadas, sin movernos, sin hablar, tal vez pase de largo.

La calle está desierta. No se ve a nadie aunque apenas llueve. ¿Por temor o por estrategia?

Los truenos van distanciándose.  Solo ecos.

La tormenta habrá alcanzado a otros más incautos y sin tácticas.

18.17  Cuando el suelo comienza a secarse se escucha de nuevo cabalgar.

tarde agostiza,
ni después de la tormenta
refresca.


jueves, 12 de julio de 2018

martes, 5 de junio de 2018




Han tocado a laudes. La iglesia canónica divide la vida en tiempo de oración sin miramiento hacia el meridiano de Greenwich: maitines (antes del amanecer); laudes (anuncia el alba);...; vísperas y completas.
En fin. Repican las campanas en el Monasterio del Santo Espíritu, los franciscanos descapuchados  cruzan de la cocina a la capilla por un claustro blanco y con aroma de naranjas.

Pax et bonum - como lema - y el cristo de San Damián se encuentran por todo el convento.Son sus fuerzas ordinarias.

En la fachada de la iglesia destaca el reloj solar con un aviso sobre el paso del tiempo y  de la aparición repentina de la muerte, no me entretengo mucho. Un patio vallado con un viacrucis en hornacinas es el zaguán descubierto.

debajo del cedro,
los dos últimos
misterios.

Y se escucha como van terminando los cánticos orados y graves . En las últimas notas dan ganas  de volver a la fe. Después de que bendicen la paz acompañada, la capilla se queda tenue y temprana. Un joven fraile va y viene, agachándose y levantándose, frotando con devoción y fuerza los pies del altar mayor.

después de laudes;
chirrían las sandalias
franciscanas.

lunes, 21 de mayo de 2018




Han pasado años desde que fui a la última romería y comparo  ausencias en los nueve kilómetros que nos separan los recuerdos.

Del santuario sale la Virgen de los Remedios al son breve del himno nacional y, un chundarata  la acompaña en la primera subida de lágrimas, hasta la ermita de San Antón.

En  la mañana clarea el suelo, se cubre el camino  conforme se apartan las nubes. 

 Somos mucho, y me da, que la fe y los motivos que nos juntan, hoy y ayer,  siempre oscilan entre el folclore y el misticismo. Pero nadie pregunta y nadie sobra.

Los cinamomos han estirado y los “pan y quesillos” sombrean -de niños nos comíamos sus flores: ¡por dios!-.

En esta época abundan las amapolas  - ababoles – y las tierras rojean como banderas revolucionarias. A la derecha del arco de los poetas, destaca algo parecido a un girasol, pero dura poco, una chica  con su ikebana campero, lo arranca y nos desuela.

Con algo más de dos kilómetros andados llegamos al arco del término; apoyado en un árbol aguardamos el cambio de manto, la vara de mando terciada y los vivas almorzados. Nosotros, en estas esperas,  regamos las magdalenas con cuerva de vino blanco mientras  seguimos cruzándonos saludos y besos con: compañeros de trabajo; algún padre poeta de algún amigo  - Miguel -; alumnos; familia; clientes y desconocidos corteses.

Poco antes de entrar a La Roda - bajo el puente de la autovía -  la música y el jaleo suenan con un eco aumentado que nos apretuja y baila. Aquí nos desviamos.

Tal vez volvamos en veintiún días.

de romería,
la bota de mi padre
llena de cuerva

domingo, 13 de mayo de 2018

jueves, 12 de abril de 2018




Estuvimos bien el pasado sábado; vamos, de cuando en cuando, a Madrid; pero nunca sabré ir sin guía hasta Edelweiss.

La comida fue un reencuentro y también un recuerdo - con rasgos filipinos-.

Sigues rubia y humo. Te cae bien el rubio.

Y me dices terminando la comida: "no puedo evitar llorar cuando te veo llorar". Le doy vueltas durante varios días,  como a una canción que te suena pero no la identificas. Por fin he caído.

Y es que, ya ves, a mí me sucede algo parecido; si te veo sonreír no puedo evitar ser feliz.


humo y sonrisas,
bajo la lluvia de abril
veinticinco años.


- a mi hija -