asoman,
entre las rejas blancas,
las flores del almendro
Hoy camino por un lugar distinto, cerca de las vías del tren que se dirigen a Madrid. Los almendros encerrados brotan más allá del límite cercado de su hogar.
Una muchacha joven y su novio cruzan a mi lado; no se pueden coger de la mano. Ella lleva un andador lento y necesita el apoyo constante de sus manos blancas, también blancas, como las flores de los almendros.
Me resulta conocida su forma detenida de pasar por la calle, como si me la hubiese cruzado en otro haibun; aunque casi nunca vengo por este barrio de hierro. Los miro a traición y sigo con ese recuerdo que murmulla y recorre el tiempo.
se cruzan
el suspiro blanco
y el silbido del tren
Un cartel de "prohibido el paso" me para y me olvido de los susurros. Soy de naturaleza obediente; pero remiro la calle y no le encuentro sentido al cartelón. Se referirá al aparcamiento, pero, en principio, dan ganas de dar la vuelta.
prohibido el paso,
solo la hierba silvestre
bajo el cartel



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