lunes, 7 de noviembre de 2016



A las nubes de mediodía las miro con la tranquilidad que permite la carretera, pintaban muy blancas y llovederas, pero encuentro  extravagante que se mantengan ahí, arriba, como esperando y me parece adivinar el horizonte donde se desdibujan.

La ciudad va comprando  sabores de otoño, dulces rojos de supermercado,  gotas doradas de  lluvia, algún viento frío, hojas remisas en los bancos pero, aún  faltan notas..., el sonido del viento que nos esconde, el gris de la mañana, de  esas mañanas que nacen aterdeciendo, faltan calles inesperadamente tranquilas, rincones dormidos.

Esas nubes no llegan a mi calle,  aquí no encuentran donde pararse, pasarán de largo hasta que sientan el otoño intenso y zaino y se confundan con el humo de las castañas.

En los escaparates los turrones presagian  la rebajas, todo muy anticipado, como si al mundo se le fuera el tiempo, y mejor es poco a poco, los santos, la constitución, la Inmaculada y el final del otoño.


Este otoño pasará sin flores secas ni olvidos, tal vez el próximo.

jueves, 15 de septiembre de 2016

¿nostalgia?




Una de las cosas buenas  que posee la feria de Albacete es que limita la alegría a un recinto de cuerda y a sus estribaciones,  por eso no es nostálgica, al contrario que le sucede a la Navidad, que se cuela luminosa entre los escaparates, la familia y la misa del gallo.
 Aunque creo que la mayoría de las veces la nostalgia, a mi, me la provoca llegar tarde, ver a todos alegres, medio puestos, y yo aún con cara de haba intentando agarrar la alegría ajean a fuerza de mojitos, ¡ y eso no pude ser !. Y empeoras la situación si para apartarte de la bebida te subes en la noria, ¿quién tuvo esa ocurrencia? La vista en lo alto no es hermosa, porque es móvil, siseante, inquieta, me agarro fuerte a algo sólido aunque sea absurdo, mientras, me sudan las manos y la sangre desaparece de mi cuerpo, estoy pálido, solo con fuerzas suficientes para rezar a Santa Bárbara de Nicomedia, patrona de los feriantes, para que el trasto este pare pronto.

feria nocturna,
al bajar de la noria
siguen las vueltas.


miércoles, 29 de junio de 2016

Cosas del trabajo



Es lo que sucede al atender tantos años a la gente.Ayer llegaron una tras otra.

 Una muchacha, joven para mi edad, que iba pidiendo perdón en cada frase si estas eran demasiado largas, conoce la técnica para respirar mientras lo deja caer. Al entrar, "Buenos días perdone que le moleste", durante el breve rato que la atendí, "No quería molestarle", al despedirse "Perdone si le he molestado". El vestido y la cara que traía ayer esa muchacha son apocados e invisibles, de esas personas que te la saltarías en un recuento de dones. No sé, creo que me gustaría darle un abrazo en la despedida para que se sintiera más viva, pero la Administración me miraría extrañada, mejor me seguiré limitando a sonreír en la respuesta y el adiós.

El siguiente fue un señor rumano de pelo blanco que termina las frases en eso, en señor, "Me deberían haber ingresado la paga doble este mes, señor", "Es verdad, que tonto soy, señor", "Con esta pensión no llego a fin de mes, señor". En la mirada arrastra una nostalgia  de muro berlinesco, tal vez también algo de pena blanca y de injusticia, "He trabajado veintitrés años en Rumanía como ingeniero, señor, y apenas me van a dejar doscientos euros de pensión, señor". A pesar de su deje casi religioso, me produce desconfianza, como si pudiera cambiar en otras circunstancias de más frío rojo y el único señor fuera él. Posiblemente la sensación sea falsa, yo necesito de una medía de veinte años para conocer a las personas.

La tercera que atendía, fue una mujer de edad indignada  preguntando por un asunto de la Agencia Tributaria, molesta por el embargo y por la vida descansada de los demás. Son gente, gente que les da lo mismo las palabras, porque eres culpable, así en general, culpable. "Señora esto no es aquí, debe dirigirse a la Agencia Tributaria que es el órgano que le realiza la comunicación, ¿Ve?, lo pone aquí". Pero insisten porque se han estudiado el guión antes de entrar y deben recitar el poema completo, no se dejan amedrentar. "¿Este embargo por qué es?, yo nunca he debido nada a nadie". He aprendido que lo que debes de darle no solo son respuestas, también conversación para que  el tiempo de espera compense suficientemente con  la bronca fallida, y  la guarden hasta encontrarse, previa cita previa, con los malditos funcionarios de Hacienda que le han embargado.  Se va más enfadada que entró sin decir adiós, tal vez porque tampoco saludó al entrar.

Y hay más, espero que ellos no tengan un blog para hablar de mi.



domingo, 8 de mayo de 2016




solar en venta,
sobre la valla húmedos
tres calcetines.




(2º premio del décimo concurso de  haiku de la Biblioteca Universitaria de Albacete)

domingo, 1 de mayo de 2016






Ayer me contaba mi hijo los jaleos que conlleva ser el administrador de trabajos informáticos en la universidad, lo cansado que está y me acudieron recuerdos, ¡siempre recuerdos! Un curso en el instituto  le quedaron cinco asignaturas, entonces  le recomendé que se preparara unas y, que otras las aparcara para el año siguiente, así llevaría los conocimientos más asentados, pero también le recalqué que la decisión recaía en sus manos.

- Me lo pensaré - contestó
 - Vale hijo, ya me dirás.- Sinceramente esperaba un sí, que se acomodara al consejo prudente que le daba, pero Gabriel sorprende en muchas ocasiones, creo que es cuando saca su mundo íntimo a la vida de los demás.

Al cabo de una semana le pregunté:

- ¿Qué has decidido?.
- No sé, me lo estoy pensando.- La cara de no sé, sonaba sincera, parecía perdido.

Sabía como es, aún lo sé, le dejé más tiempo. No suele llevar prisa en las venas, salvo para andar, porque camina siempre como si le persiguiera el tiempo.
Transcurrió otra semana y repetí la pregunta.

- ¿Qué has pensado?, ¿a cuantas te vas a presentar?
- No sé, me lo estoy pensando.- Estuvo  escueto y mohíno.

Esta vez me lo tomé algo peor, pero veía que se encerraba en su habitación y con libros, respiré y le recordé que las hojas del calendario caen como las de los árboles en otoño. (¡vale, sé que no fueron esas mis palabras, pero hubieran estado bien!)

Pasó julio con la calma chicha del verano y, en agosto, repetí la repetición.

- Hijo, ¿a cuántas te vas a presentar? ¿te has decidido ya?
- Si. - me lo dijo mirándome a los ojos.

Sinceramente me sorprendió, casi esperaba llegar a septiembre con la duda.

- Me presentaré a todas.- Contestó serio.
- ¿Te lo has pensado bien ?
- Sí. Lo quiero intentar - Seguía serio y con cara responsable (a medias).
- Muy bien, es tu decisión. A estudiar.

Y llegaron los exámenes de septiembre y, en efecto,  aprobó todo. Me asombró y, no solo a mi.

Y de cuando en cuando, me sorprende, ayer fue la última vez. En esta ocasión no fue por lo que me dijo, si no  por la hora, a las dos y media de la noche, yo me encontraba a medias de un ronquido, pero a él le pareció buen momento para hablar.

Un besaco hijo, hasta la próxima sorpresa, sea la hora que sea. Te quiero mucho.