martes, 2 de octubre de 2018
Hay mendigos que deciden quedarse y otros aparecer.
El inglés es de los que ha decidido dejar el oficio de vagabundo: un señor estilo Walt Whitman de frente, aunque por detrás, con naturalidad, enseña el culo.
Ultimamente veo a otro que lanza el penúltimo salto hacia atrás. No le he puesto nombre, va siempre muy despacio, con la cara curtida y todos los gestos arrastrados, sujeta con ambas manos una caja petitoria que recuerda a las del dominó. Suele rondar por calles céntricas de bulla y humo.
Ayer tarde me lo encontré por el albergue municipal, seguía a su ritmo y a su destino, con su caja de dominó por delante, estirando de él. Cerca no había nadie.
calor en otoño,
lentamente el mendigo
por el carril bici
miércoles, 26 de septiembre de 2018
senryus
fuegos artificiales,
con más melancolía
cada feria
la noria
sigue dando vueltas,
desde la cama
de vuelta a casa,
en los zapatos el polvo...
de los miguelitos
(Senryu finalista en el quinto concurso de feria de Albacete)
con más melancolía
cada feria
la noria
sigue dando vueltas,
desde la cama
de vuelta a casa,
en los zapatos el polvo...
de los miguelitos
(Senryu finalista en el quinto concurso de feria de Albacete)
martes, 7 de agosto de 2018
Son las 17.38, se viene presintiendo la tormenta, han avisado. La tarde va convirtiéndose en truenos, como redobles de tambores de lluvia de guerra.
Pero de momento solo unas gotas; sube el olor y entra por la ventana: es a lluvia caliente. Unas pocas gotas, que resuenan sólidas contra los ladrillos del patio interior.
La batalla en el cielo relampaguea. Un trueno y otro, bronco con gritos de aguardiente.
Silencio.
Tal vez ...si nos mantenemos ocultos, con las luces apagadas, sin movernos, sin hablar, tal vez pase de largo.
La calle desierta. No se ve a nadie aunque apenas llueve. ¿Por temor o por estrategia?
Los truenos van distanciándose. Solo ecos.
La tormenta habrá alcanzado a otros más incautos y sin tácticas.
18.17 Cuando el suelo comienza a secarse se escucha de nuevo cabalgar.
tarde agostiza,
ni después de la tormenta
refresca.
martes, 5 de junio de 2018
Han tocado a laudes. La iglesia canónica divide la vida en tiempo de oración sin miramiento hacia el meridiano de Greenwich: maitines (antes del amanecer); laudes (anuncia el alba);...; vísperas y completas.
En fin. Repican las campanas en el Monasterio del Santo Espíritu, los franciscanos descapuchados cruzan de la cocina a la capilla por un claustro blanco y con aroma de naranjas.
Pax et bonum - como lema - y el cristo de San Damián se encuentran por todo el convento.Son sus fuerzas ordinarias.
En la fachada de la iglesia destaca el reloj solar con un aviso sobre el paso del tiempo y de la aparición repentina de la muerte, no me entretengo mucho. Un patio vallado con un viacrucis en hornacinas es el zaguán descubierto.
debajo del cedro,
los dos últimos
misterios.
Y se escucha como van terminando los cánticos orados y graves . En las últimas notas dan ganas de volver a la fe. Después de que bendicen la paz acompañada, la capilla se queda tenue y temprana. Un joven fraile va y viene, agachándose y levantándose, frotando con devoción y fuerza los pies del altar mayor.
después de laudes;
chirrían las sandalias
franciscanas.
lunes, 21 de mayo de 2018
Han pasado años desde que fui a la última romería y comparo ausencias en los nueve kilómetros que nos separan los recuerdos.
Del santuario sale la Virgen de los Remedios al son breve del himno nacional
y, un chundarata la acompaña en la
primera subida de lágrimas, hasta la ermita de San Antón.
En la mañana clarea el suelo, se cubre el camino conforme se apartan las nubes.
Somos mucho, y me da, que la fe y los motivos que nos juntan, hoy y ayer, siempre oscilan entre el folclore y el misticismo. Pero nadie pregunta y nadie sobra.
Somos mucho, y me da, que la fe y los motivos que nos juntan, hoy y ayer, siempre oscilan entre el folclore y el misticismo. Pero nadie pregunta y nadie sobra.
Los cinamomos han estirado y los “pan y quesillos” sombrean -de niños nos comíamos sus flores: ¡por
dios!-.
En esta época abundan las amapolas
- ababoles – y las tierras rojean como banderas revolucionarias. A la
derecha del arco de los poetas, destaca algo parecido a un girasol, pero dura poco, una chica con su ikebana campero, lo arranca y nos
desuela.
Con algo más de dos kilómetros andados llegamos al arco del término; apoyado en un árbol aguardamos el cambio de
manto, la vara de mando terciada y los vivas almorzados. Nosotros, en
estas esperas, regamos las magdalenas con cuerva
de vino blanco mientras seguimos cruzándonos saludos y besos con: compañeros de trabajo; algún padre poeta de algún amigo - Miguel -; alumnos; familia; clientes y desconocidos corteses.
Poco antes de entrar a La Roda - bajo el puente de la autovía
- la música y el jaleo suenan con un eco
aumentado que nos apretuja y baila. Aquí nos desviamos.
Tal vez volvamos en veintiún días.
Tal vez volvamos en veintiún días.
de romería,
la bota de mi padre
llena de cuerva
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






