viernes, 16 de octubre de 2020

Un nido de alto voltaje





El paseo de la estación se encuentra delimitado por dos hileras de árboles: la interior de aligustre y la otra de tilos. 

Los tilos poseen - junto con las hojas - unas brácteas que cumplen la misión de esparcir las semillas. Vuelan helicoidales con el susurro del viento. Da gusto verlas caer, girar rápidamente y vencerse suaves y verdes. 

En esta época del año paseo más despacio, como si fuera escribiendo.

Observo los revuelos breves de los gorriones.

Dicen  que cada vez hay menos en los pueblos, es posible. Lo que no recuerdo es, cuando era niño,  ver  en La Roda, palomas. Eran cosa de aldeas, boinas  y de plazas  barcelonesas.

Por encima de un ventanal, de donde trabajo, pasan varios cables negros y robustos que arrastran electrones convertidos en datos o en posibilidades energéticas. Y, de ellos, sale un gorrión.

 



caen las hojuelas,

el gorrión anida

entre los cables 




viernes, 14 de agosto de 2020

migas de pan

 

Andábamos, hace un par de días, por el final de la calle Lozano, cerca de Nuestro Bar, una calle peatonal y adoquinada en dos colores sufridos: un gris amarronado en el centro y un blanco grisáceo con pintas a ambos lados. Pues eso, esparcidas por su parte central encuentro unas migas de pan blanco esperando el picoteo.

Hoy las he vuelto a ver allí, deben ser las mismas, aunque algo más oxidadas y desde luego se hallan en el mismo sitio, centradas en la calle,  hasta diría que dibujan la misma forma irregular de galaxia.

Es extraño que los gorriones no se las hayan comido, pienso; aunque en esa zona siempre deambulaban  muchos gatos. Eso fue antes de que una lluvia de primavera constante, de varios días, derribara los muros amarillos de adobe.  Allí, en esa casona, se amontonaban gatos de varias generaciones, que se deslizaban entre las rendijas podridas de las "portás". Tal vez persistan por el barrio huellas, o la liviandad de las  vibrisas en el aire y no se acercan por allí ni palomos ni pardillos.

Pero lo más extraño de todo es que el barrendero no las ha recogido con su cepillo de cerdas duras, porque no se ven ningún papel, ni colillas.  Me gusta pensar que no barre las migas


siguen las migas de pan

en la acera, 

ya pasó el barrendero


lunes, 20 de julio de 2020



Fui a por un par de mascarillas de tela, las inventan en la Cajita de Papel, un pequeño comercio mitad físico mitad en el aire. Tal vez llegué pronto sobre el horario de cristal que se veía desde la acera. Y distraje la espera recorriendo las calles por las que caminaba de crío para ir al colegio, calles que se van haciendo viejas, cuarteándose las  paredes blancas y los balcones perdiendo suelo; aguantan las portadas macizas, claveteadas y asolanadas.

En una de esas casas me entretuve viendo como los pájaros salían volando en bandadas de fiesta y trinos; el tejado mitad hundido mitad dando cobijo,  se sostiene apoyado en las ramas avigadas de algún árbol enraizado en el salón principal.

Continuo pasando por delante de  la puerta invisible de unos familiares  de los que muy tarde aprendí el parentesco; tal vez porque siempre sonreían entre palabras cariñosas y gestos dulces y no necesitaba saber más.

De otra casona de por allí me comentaron, ya hace años, que vivía una bruja, Así recuerdo la historia y así la dejo. Murmuraban que algunas personas que se acercaban notaban angustia en el estómago y se alejaban a toda prisa. Sus paredes se van encorvando como la vida y las palabras.

De vuelta a la Cajita de Papel compro una mascarilla de lunares y otra de cactus para mí.




por el tejado hundido
revuelan los pájaros,
la calle en cuesta




miércoles, 29 de abril de 2020





Tocaba ir a hiper de compra de cervezas y licores y  de paso: alitas de pollo, huevos, champiñón y otras cosas hasta aprovechar el carro en todo su esplendor. Hoy es un miércoles laborable  y se celebran, entre otros,  a dos santos:  San Prudencio de Tarazona y Pánfilo de Corfinio; aún no sé a qué reflexión lleva esta casualidad.

Los nuevo complementos de primavera/virus virus/primavera son  guantes y mascarillas, o tapabocas que dicen en América. Ya se ve algún modelo en flores estampadas y en negro pena negra ; en cuanto la ocasión permita dejaré el verde quirúrgico. En  solo tres decretos de encierro nos hacemos a otras modas y maneras.

Pues eso, creo que en Carrefour (aunque siempre digo PRYCA) íbamos todos pertrechados y dispuestos a operar cualquier urgencia, aquello  parecía una convención de cirujanos desarmados. Pero ni eso ya nos llama la atención.

En la cola única para pagar, un señor con una mascarilla de las buenas  ha gastado una broma, no la recuerdo, pero sí que ha sonreído. Mientras esperaba guardando el metro de distancia solidaria  he sido consciente que no le he visto la boca.

con tapabocas
y guantes;  sonríe
con los ojos


domingo, 12 de abril de 2020

Felicidades, hija





Hace dos años escribí este haiku:

humo y sonrisas,
bajo la lluvia de abril
veinticinco años

Y es que, ese día, compartimos la llovizna frente a Edelweis;  un restaurante de recuerdos y rasgos filipinos.

Pero  hoy caminamos,  cada uno, con lluvias de diferentes idiomas. Lo que sí compartimos es el confinamiento y  el virus Covid-19, un nombre mal puesto; Borges lo decía de "pesadilla" que era un nombre flojo para su significado. Covid parece un alias de una mascota, no el de un virus asesino. Debería llamarse covidof o covidamian, algo que induzca más al temor.

En fin, ese covid nos aísla y separa más que el mar y el aire. En esa distancia (medida en horas y días) nunca te oigo una queja; claro que a tu hermano tampoco. Sois valientes y buenos. Cuando te veo por el skype te noto radiante y guapa, con  voz  fresca y reída.

¿Sabes?, compro cerveza sin filtrar, me la presentaste tú tardeando por Tejares;  y en cada primer trago me vienen a la memoria unos últimos viernes que pasamos hablando de casi todo y del mundo. Buenos momentos. Si te siento feliz soy feliz, aunque bebamos lejos. Sé que andas buscando la vida.

¡Felicidades, hija!

otra vez
doce de abril,
y ahora, tan lejos.



martes, 7 de abril de 2020



En tiempos del virus de Wuhan y decretos de confinamiento, se circula en coche por las calles de Albacete con la tranquilidad de un domingo de otoño.

Ayer me dirigía a una farmacia, algo alejada del domicilio, que nos vendía tres mascarillas muy sencillas  a un precio de siete euros. El caso es que conducía tranquilo, escuchando alguna noticia y, como sucede en muchas ocasiones, un grupo de palomas picoteaba en medio de la calle una comida invisible a mis ojos, me iba acercando a ellas a una velocidad normal, no a más de los cuarenta kilómetros reglados, y no frené, porque las palomas ya están empadronadas y son albaceteñas en varias generaciones y conocen las normas de tráfico.  Y levantaron el vuelo apurando, apurando demasiado y escuche "un cloc". Una se confió.

No me produce ninguna congoja especial ese hecho, pero en fin.

A la vuelta, con la sensación de que la farmacéutica era una atracadora licenciada, tomé otro recorrido para ir a casa. Y me encontré con otra bandada de palomas, y en esta ocasión frené ligeramente para no oír otra vez un  cloc que llevaba muy reciente en la memoria; pero escuché otro sonido que no esperaba, un pitido fuerte de un claxon;  un todoterreno adelantó a un bus urbano muy ajustado, y mi frenada palomera forzó aún más la maniobra.

No pasó nada. Al rato, cada vehículo siguió  por una calle.

En fin, si vuelvo a por mascarillas  espero que las palomas espabilen.

las palomas
levantan el vuelo
confiadas.






sábado, 4 de abril de 2020




Los vecinos aplaudimos,   al ritmo de la última versión  "pluriartista" de "Resistiré".

 A finales de mayo habrá transcurrido un año que nos mudamos a esta casa.  Solo saludamos con nombre a los vecinos de la terraza izquierda,  a los demás los miro, cada día un poco, y tomo un boceto de sus caras con el fin de  poder reconocerlos, en unos días, a pie de calle.

Justo enfrente - el número veinticinco  - los del segundo son los que animan la zona y ponen el equipo de música en modo "chulo de coche", solo que ahora es en modo "solidario/alegre". De ahí salen dos chicas por una ventana  saludando a muchos; a su lado, un señor con barba espesa y gesto serio, se mueve mal y acompaña con las palmas a  destiempo; en el balcón contiguo - del mismo edificio veinticinco - a una señora rubia con bata moteada y cutis cuidado le noto con falta de ir a la peluquería a tintarse.

Es una calle peatonal lo que nos separa, lo suficientemente estrecha para que las cortinas estén cerradas y se puedan apreciar las raíces canas de los de enfrente mientras suenan himnos y aplausos.

En la terraza aticada de una casa  -posiblemente la más vieja de las que se ven, y en la que pensábamos que no vivía nadie - salen también dos chicas jóvenes, morenas y también en bata modelo "estar encerrado". La altura es de un primero alto, no llega a segundo. Se las ve desenfadadas. Hablan, al terminar los aplausos,  a medio grito con otra chica cercana sobre cosas del trabajo y de familiares.

Un poco más a la derecha - serán los del veintinueve -  en un tercer piso  hay  una terraza grande;  ayer vi salir tímidamente a un hombre que parecía que se asomaba al balcón más para ver si venía  la ambulancia del SESCAM que a lo que se sale,  pero al poco se unió al coro y se dispersó su actitud.

Otro ondea la bandera de España y lanza algún viva cuando la música suena sin letra;  y hay aún más gente, más ventanas que cantan y más balcones abiertos.

Esta versión de Cadena 100 del  "Resistiré" dura cuatro minutos y cincuenta y seis segundos, tiempo suficiente para ir conociéndonos un poco cada día.

los vecinos
a las ocho en las ventanas:
resistimos