viernes, 23 de marzo de 2018





El Sur: una cafetería con las paredes inquietas de cuadros y haikus. Allí nos reunimos este jueves - bajo el  influjo de luna  creciente - para dar la bienvenida a la primavera. Por las calles  sopla el aire de Alaska; con suerte de Cicely.
Nos juntamo en esos momentos,  como almas exiliadas del mundo,  alrededor de unas mesas y unos tercios de cerveza tostada que van y vienen.



Leemos en círculo pasando el micrófono cada tres versos

fin del invierno,
sobre el suelo del parque
arena nueva
                        CB

y otros...

y seguimos los expatriados otra ronda, en una minoría acogedora y abanicada; hablando hacia el sur.

almendros en flor,
por la mañana cae
aguanieve.




- A Cari -



miércoles, 14 de marzo de 2018



Ya se abren los almendros, solamente aquellos que son más árboles: los  silvestres y atezados; los altos y retorcidos; los asimétricos; los podados por la corriente y el tiempo. Junto a estos, de flores blancas y melifluas, otros con troncos sinónimos y brotes malvas - tal vez alguna clase de duraznero-. Se distinguen desde la carretera, volviendo de La Roda.
El campo húmedo verdea,  la siembra va ocultando los tonos pardos del invierno. Las carrascas amojonan los caminos y el hombre del tiempo pronostica nuevas lluvias de otoño.
Y sin darnos cuenta heredamos los recuerdos en proindiviso.

bajo aquella
carrasca, siempre cortaba
algún espárrago.


         - A mi padre -

miércoles, 7 de febrero de 2018



Los copos de nieve parecen silencios que van cayendo. Y así, borran los colores gritones a las cosas, a las bellas y a las feas, ocultan hojas y colillas;  igualan, con unos centímetros fríos,  las sensaciones.
El tejado blanco, como el suelo; el campo blanco como el cielo.
Caminamos por la calle más lentos, mirando la futura huella. Ensimismados en el paisaje cotidiano.
Y con los primeros rayos se desvanece todo y, vuelve el suelo a ser campo y el tejado a ser cielo.



ni un rumor
en el paseo de la Estación,
nieva.


jueves, 18 de enero de 2018


Resultado de imagen de dos sillones


El oeste entra por la pequeña ventana que señorea la sala de estar; los ojos atentos y chicos alcanzan hasta la Fonda Oriental - la de antes-.

Los dos sillones de la salita son abrigos y mecánicos, con un mando de dos posiciones: una de bostezo y otra de vigilia. Un asiento, de sintrón y vino, ocupa un palco de platea y nube en las zarzuelas; el otro, es más de fanta de naranja y vendas,  con vistas acantiladas al mundo y a pasapalabra. Los sillones se saben mirar.

La mesa camilla se colma - en fin de semana - de sillas oriundas de otras habitaciones y - ella - se estira y completa para que cada una encuentre su hueco y lugar.

En el momento de la siesta, por obligación y costumbre, cae un tanto la persiana,  para velar el atardecer y el sol entra discreto en la sobremesa, acariciando migajas de  ganchillos y olvidos.

luz de invierno,
después de comer
el silencio.

sábado, 13 de enero de 2018



Tres delfines se ajironan, se desvanecen.

En el oeste, hoy, también amanece. Lo hace en un color suave, pastel; sobre su horizonte nubes azul acero, playa; encima un naranja, mandarina, no sé; es el reflejo del amanecer.

Voy conduciendo y no miro, solamente voy, dirijo la vista al frente; es el camino de cada día. Soy consciente de la naturaleza cuando veo tres nubes en forma de delfines saltando en el vacío mientras se desvanecen, se ajironan.

Y luego surge el amanecer delimitado, cuadriculado, intenso, por el retrovisor.

Así, naufragando, derivo pronto en el anuncio más dulce: Miguelitos Ruiz salida 41.


en el oriente,
dibujos de nubes
solo un momento.


sábado, 30 de diciembre de 2017

marcescente



Leí esta palabra - marcescente - en un haibun precioso de Momiji, la busqué; me doy cuenta mejor del mundo cuando sé el nombre de la naturaleza. Y al rato  de leer salí a trotar - y despacio - pasé por un nogal que conserva las hojas marchitas - marcescentes - y al poco cruzo una acacia que conserva las vainas secas.

Otoño - el invierno llegaba en unos días - un pájaro aplastado, plano, sobre el asfalto guarda la silueta del vuelo.

Ha bajado la temperatura. Una caravana, frágil y blanca,  se encuentra plantada, varios años, al sur de una gran finca, vallada  y ladrada por varios perros.Situada lejos de la cancela no molesta. He visto en alguna otra ocasión a una chica joven  y sedente.

Voy cansado. A unos cientos de metros, hay que cruzar la carretera de Murcia y pasar la lonja municipal,  otra caravana con el mismo aspecto de provisionalidad y blancura, aparca bajo una gran antena de telefonía. En algún momento he visto un chico fregando platos.

Hoy no se ve a ninguno de los dos. Es otoño, casi navidad.

llovió ayer,
en los pinos piñoneros
hojas verdes.

miércoles, 29 de noviembre de 2017


Comenzó a llover ayer y ha seguido toda la noche; una lluvia constante, sin agonía a pesar de la necesidad y la espera.
Y esta mañana el alba remolonea, la luz se confunde con el atardecer.
Desde el coche se escuchaba: el sonido metódico del limpiaparabrisas; a las gotas, romper metálicas en la chapa y rápidas en la carretera.


oyendo la lluvia,
en lo alto de la torre
brilla una luz


Al llegar a La Roda he cruzado por el paseo de los tristes más despacio, siendo conscientes del vibrar del mundo y en como se cuela la naturaleza entre las ventanas y las calles asfaltadas.
Demoro la entrada al trabajo; paso cerca del parque, tentado a bajarme del coche y sumergirme en la mañana.
Hoy se aprecia el otoño con más claridad, los árboles terminan calvos como los hombres: primero pierden hojas parietales, quedándoles - sobre unas imaginarias orejas - algún amarilleo occipital.


Las ventanas agrisadas disimulan la mañana. Ya solo chispea.


por el paseo
con el paraguas cerrado,
ya amanece.