Para mirar el mar he despertado a todos; en el apartamento duermen - Oti y Juan - junto a la terraza donde surge el oriente y en la que está tendido mi bañador.
El sol brilla intenso y deslumbran los rayos sobre el mar, mojando el amanecer ; el oleaje temprano es un vaivén que acuna con susurros.
Aún no se han montado los chiringuitos asolanados y suena otra música; otra espuma de plástico rompe en la playa; otro baile. Las olas tatúan - a cada golpe - los instantes en la arena mientras los más veteranos pasean inclinados.
Cuando el camarero trae el segundo cortado dudo sobre si ir a nadar o seguir en la terraza mirando; sé que los pensamientos salobres no los pasaré a la libreta.
Un velero biplaza atraviesa la reverberación del sol.
día de playa,
en el bar que desayuno
vacío en la noche

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