Ayer después de comprar "El padre Brown al completo" en la Popular el paseo/caminata fue por la ciudad, sustituyendo árboles por edificios y tierra por aceras. Entonces me sucedió: tropecé con la remodelación que el Ayuntamiento está realizando en el paseo del recinto ferial y, me subió un no sé qué, un qué sé yo por el cuerpo.
Me ve impelido a parar y mirar como se movían esas pequeñas excavadoras rojas ahuecando y acondicionando la tierra; en como las pequeñas apisonadoras rojas con sus muy pesados rodillos apisonaban el pavimento.
El conjunto de obreros y máquinas se movían acompasados como un ballet con cascos amarillos, daba gusto verlos ir y volver, rugir y frenar (las máquinas no los obreros).
A pesar de contemplar esa maravilla urbana no terminaba de encontrarme; me faltaba algo en la postura y, observé a algún jubilado más que miraba con disimulo y copié su postura. Eché las manos entrelazadas detrás de la espalda y todo mejoró; se mira con más autoridad y desdén.
En un rato vuelvo a ver como colocan los adoquines de La Roda.
P.D. Mi amigo Elías Rovia lo profetizó:
ya jubilado:
mañana mismo empiezo
la revisión de obras
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