Fíjate, del viaje por Asturias-que llegamos ayer- apenas anoté unas palabras en la libreta y,¡son tantas las emociones y los colores!.
Hoy, en un paseo mañanero por donde conozco las piedras y las hierbas, lo iba recordando: Ovetao, con su peregrina simulada y los dioses prerrománicos exentos de padrenuestro; en Villaviciosa, que une la sidra y ría en la espuma rompedera; Arriondas, descendiendo en el Sella a golpes; Cudillero, con casas de colores que hablan, con una ruta tapada desde la playa de Aguilar al acantilado; y más y mus.
Repaso las fotos recientes, que siendo escasas, son suficientes para volver. Y, ahora, me entretengo en nuestras caras que se entreuntan en la luz verde del paisaje.
Asturias,
los castaños sombrean
la caminata.
jueves, 24 de agosto de 2017
domingo, 30 de julio de 2017
Día de playa
Para mirar el mar he despertado a todos; en el apartamento duermen - Oti y Juan - junto a la terraza donde surge el oriente y en la que está tendido mi bañador.
El sol brilla intenso y deslumbran los rayos sobre el mar, mojando el amanecer ; el oleaje temprano es un vaivén que acuna con susurros.
Aún no se han montado los chiringuitos asolanados y suena otra música; otra espuma de plástico rompe en la playa; otro baile. Las olas tatúan - a cada golpe - los instantes en la arena mientras los más veteranos pasean inclinados.
Cuando el camarero trae el segundo cortado dudo sobre si ir a nadar o seguir en la terraza mirando; sé que los pensamientos salobres no los pasaré a la libreta.
Un velero biplaza atraviesa la reverberación del sol.
día de playa,
en el bar que desayuno
vacío en la noche
domingo, 23 de julio de 2017
He vuelto a correr - tras varios años esperando - cada semana sumo distancia y tiempo; la ropa de deporte que reposaba limpia en el fondo ahora trajina del perchero a la lavadora.
Hace unos días, mientras goteaba la carrera con unos pantalones y camiseta negras que me regaló mi hija, pensaba: en unos reyes un cigarro electrónico - con sabores y solicitud filial - me hizo abandonar el gasto en hebra de cigarrillos; una pluma - otro obsequio de pascuas de mi hijo - me ha conducido, de alguna manera, a publicar un libro y, con la ropa de deporte, mira.
Ayer se lo contaba - en la distancia - a Carmen mientras apuraba su café madrileño, y le requería mucho cuidado en el próximo legado: ¡ podría marcar mi destino!
Se reía sin dejar de buscar pisos y, rápidamente, me lo anunció.
sigue el calor,
para mi cumpleaños
lotería de navidad.
viernes, 7 de julio de 2017
Eso sí, con cantes más variados: al Alba; alguna de Kiko Veneno; otras de Paco Ibáñez; de los Beatles ... no me molestó la deshora, ni siquiera en los arranques del zapateo descompasado que me hacían mirar al techo y pensar en la opción de entrar en la fiesta.
Agudizo el oído, hoy no se escucha la guitarra. Atempero el café sobrante de ayer y me voy al salón. La lectura que tengo preparada me ilusiona: terminar "La estrella sin puntas" - un libro de teatro infantil - de Antoka y otro de poesía de Carlos Blanc; dos misceláneos haijines.
Del primer libro solo me quedaba unas hojas y le he doy fin en poco. Me he divertido leyéndolo, imaginando estrellas mutiladas; ángeles discutidores; niños disfrazados de cascanueces y un director de escena perdiendo los nervios.
El segundo es compartido, no lo sabía, andan también aquí metidos Ángel Aguilar y Frutos; entre otros no haijines. Pero esta mañana el alfabeto empieza por B.
Una fotografía inclinada, pensando el mundo, dibuja el primer poema. Luego viene otro de mayúsculas con un perro noctívago de buena familia; una nevada escondiendo huellas amantes; (una poesía entre paréntesis que me leo contenido ); un rayo de sol inesperado y todo, todo suena a verdad. Una verdad con detalles.
Ojeo a los otros confiteros y vuelvo a Carlos desde la fotografía que habla; releo.
Mientras apuro el café, ya frío, contemplo los dos libros juntos - tan distintos - y me siento dichoso de poder beber con ellos.
Gracia Antoka, gracias Carlos.
Epifanía,
a Belén va una estrella
sin puntas
domingo, 25 de junio de 2017
versiones
viento cereal,
no sabe la mariposa
de malas cosechas
viento cereal,
la mariposa solo necesita
una espiga
fotografía de Antonio Muñoz
jueves, 22 de junio de 2017
Oigo el amanecer.
Leo a Muñoz Molina, habla sobre noches largas en las calles del Albaicín en la que un gitano atezado, con tipo de arponero, le dice: "No sé si eres un infiltrado del Ayuntamiento en los bajos fondos o un infiltrado de los bajos fondos en el Ayuntamiento". Este capítulo viene con notas de jazz y flamenco.
He abierto la puerta de la terraza para refrescar la lectura, el balcón se asoma a una plaza sin nombre de plaza; la forman un cruce de calles peatonales y una isla de césped con dos lilos. En ese rato escucho, entre el piar del alba, el sonido rascado de una guitarra y un cante arrastrado que la acompaña. No sé muy bien de dónde viene; si del piso de arriba o de la calle. Presto atención para ganar un mejor juicio sobre la música: suena cansada, más a noche, con una armonía acorde a estas horas que terminan.
Tal vez sea algún vecino infiltrado.
se acerca San Juan,
frescor del amanecer
y flamenco.
domingo, 18 de junio de 2017
Hay que dejar la pereza dormida, levantarse y andar aunque sea domingo si no, cuando llegue septiembre y el Camino Primitivo se coloque bajo los pies, las etapas empinadas traerán un sufrimiento extra por molicie.
Al pasar por la higuera cortada, observo en la casa de enfrente como la uva cuelga, agraz y emparrada, esperando septiembre. Antes pude tocar: el almendro sin flores, en arzollas; el trigo dorado y terminado.
Sigo en dirección a la base aérea y a la vuelta veo una muchachilla - he pensado en mi hija- sentada a un lado del camino - parecía que meditaba - con una bicicleta tirada a su lado. La posición asimétrica descolocada de las dos, chica y bici: no del todo en la orilla, tampoco centrada, mirando al suroeste, no del todo en ángulo recto; hacia pensar en una caída pausada o un abandono desconsolado. Al pasar a su lado le he preguntado que si se encontraba bien, la respuesta de una sonrisa afirmativa y amplia, sin explicaciones, es suficiente para no entrometerme en su apostasía.
He vuelto la cabeza en un par de ocasiones y seguía ahí, como esperando terminar de oír la última oración.
Se que es tonto, pero pienso que el interés por el extraño puede cambiar el día y la esperanza. Aunque no es por eso.
Sigo. Al pasar cerca de la Lonja un gatito sale corriendo y me cruza, luego vuelve otra vez rápido en sentido contrario. Lo escucho maullar. Está delante de una puerta intentando entrar. Se sube por la pared pero se escurre. Sigue miando. Pienso en ayudarle a pasar, entrarlo en mi sombrero y subirlo. Pero me asusta la idea porque me suena oír ladrar aquí un perro, solo imaginar la situación me decide a la pasividad. Ando y dudo, escucho el chirriar de una puerta y el consolado silencio gatuno.
Cruzo la carretera.
En la finca de "La fuente del berrocal" plantaron - habrán pasado cinco años - unos árboles a la orilla del camino con nombre de personas. Anillados a sus troncos tiernos colocaron unas cintas con nombres y apellidos; busqué varios y vi que todos correspondían a asesinados por ETA. Un homenaje ecologista y callado.
Ahora los árboles van estirando sus ramas y olvidando.
Mientras regreso y repaso, encuentro alguna similitud entre la chica y el gatito.
caluroso junio,
ha perdido la cinta
el arce rojo
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