viernes, 23 de enero de 2026

UNA CAMA DE ENFERMO DE 6 PIES DE LARGO





 


Lo comencé a leer en la web del Rincón del Haiku en en 2020, en época de confinamiento, pero lo dejé abandonado. Tengo la edición en papel y fue el primer libro ,de los pendientes, que he leído desde mi jubilación.

Si eligiera solamente una palabra para describirlo diría: emocionante. 

Las cualidades son más. Pero escojo ese adjetivo por el efecto que me ha producido Shiki al narrar sus últimos días de vida, desde la cotidianidad poética hasta su habitual dolencia; unas veces con humor - ermita de fragancias - y otras con silencios.

Y además, como en alguna ocasión corrige haikus, aprendes; comenta pintura y aprendes; habla de las costumbres japonesas y aprendes.


Como un caqui

y he ahí que la campana suena.

Templo de Horyû-ji



Este libro lo ha traducido Elías Rovira Gil y, también ha puesto algunas notas.

Sobre la traducción no puedo opinar, sí sobre las notas. 

Solamente 1372 referencia a fuentes que puedes buscar en internet para ampliar lo que explica en las notas.

Las notas en cada entrada explicando : palabras y personajes que aparecen; historia de Japón del período Edo; tipo de pinturas de flores o de Otsu; cuestiones médicas de leprosos o de como eliminar la flama con la calabaza; la enfermería nipona; la elaboración y clases de sake; ciudades y barrios; montes y ríos; comidas de pez globo o del arroz japonés...

Las notas de Elías son una tesis doctoral. Unas notas a la altura de Shiki.

Os guste o no los haikus es un libro para leer y releer. 

Gracias.

jueves, 15 de enero de 2026

Primera obra




 Llevo un tiempo - aproximadamente un mes - que salgo con más frecuencia a andar. Muchas veces por algún camino cercano y, a pesar de ver la naturaleza invernando, no encuentro el motivo para escribir.

Ayer después de comprar "El padre Brown al completo" en la Popular el paseo/caminata fue por la ciudad, sustituyendo árboles por edificios y tierra por aceras. Entonces me sucedió: tropecé con la remodelación que el Ayuntamiento está realizando en el paseo del recinto ferial y, me subió un no sé qué, un qué sé yo por el cuerpo. 

 Me vi impelido a parar y mirar como se movían esas pequeñas excavadoras rojas ahuecando y acondicionando la tierra; en como las pequeñas apisonadoras rojas con sus muy pesados rodillos apisonaban el pavimento. 

El conjunto de obreros y máquinas se movían acompasados como un ballet con cascos amarillos, daba gusto verlos ir y volver, rugir y frenar (las máquinas no los obreros). 

A pesar de contemplar esa maravilla urbana no terminaba de encontrarme; me faltaba algo en la postura y, observé a algún jubilado más que miraba con disimulo y copié su postura. Eché las manos entrelazadas detrás de la espalda y todo mejoró; se mira con más autoridad y desdén.

En un rato vuelvo a ver como colocan los adoquines de La Roda.



P.D. Mi amigo Elías Rovia lo profetizó:


ya jubilado:

mañana mismo empiezo

la revisión de obras


jueves, 11 de diciembre de 2025

Andar o pasear




Últimamente salgo a andar, no a pasear. Es muy diferente.

Me estoy preparando para un reto - junto a mi amigo Paco -que me emociona: ir de Sevilla a Santiago de Compostela por la Vía de la Plata, de albergues y con mochilas. Serán aproximadamente 37 etapas consecutivas.

Mediremos nuestras fuerzas y la voluntad. En algún tramo le pediremos ayuda al apóstol.

Andar implica un ritmo constante con atención al cronómetro y al kilómetro. También a las calorías y al objetivo señalado.

Pasear es otra cosa: ir mirando  más allá de tu yo. Vagar en modo haiku. Asombrarte de los cambios regulares de la naturaleza; de dos ancianos cogidos de la mano sosteniendo el paso del tiempo; de los colores celestes; del viento frío que destempla con facilidad el ánimo. Siempre he sido un friolento.

Pues eso, que iba andando atléticamente, intentando caminar a menos de once minutos el kilómetro y me tropecé con el otoño. 

Las hojas sazonadas de los cinamomos inundaban las aceras. La naturaleza amarilla y crujiente se bajó a las calles a ras de pies y pasos. El viento traía un olor otoñado y húmedo. La luz titila en el envés de los hojas de los álamos...

Ha sido un momento de parar y mirar. 

Y sigo; miro el crono. Parece que este kilómetro va a ser más lento. Tengo que apretar el paso.


viento cardinal,

en las aceras cae

el otoño










miércoles, 3 de diciembre de 2025

Júbilo

 El veintiocho de noviembre celebré mi jubilación. 

Fueron muchos compañeros y compañeras - más de los que esperaba - a algunos los daba por seguro, otros me sorprendieron y también noté los silencios.

Hubo quienes participaron de una manera virtual como donantes y gentes de la AGHA que escribieron haikus en el libro de la jubilación . Les doy las gracias, con el mismo cariño.

Pero esto forma parte de la vida: gente que esperas y gente que llega.

Esa tarde fui feliz. Me llenó el corazón cada silla ocupada, cada abrazo acompañado.

Soy consciente que es más la generosidad de los compañeros que asistieron que el mérito de quien se va. Lo veo claro. El efecto de su generosidad fue la alegría y la ilusión. Y la tuve.

Hubo halagos laborales; una mezcla de caricias, ánimo y mentiras. Es sencillo reconocerlas.

Hubo sonrisas y esbozos de recuerdos; que te llenan. 

Solamente esperaba y necesitaba -que después de tantos años -  me dijeran que me querían o que me estimaban o que me apreciaban.

Es así. Así de infantil. Así de inseguro. 

Y fue lo que entendí con la presencia de una banda de cuarenta compañeros; como cuarenta ladrones que llegan a una cueva cargados de regalos; me da igual si los hurtaron. Los poseo como propios para siempre.


Muchísimas gracias, de corazón.




















martes, 25 de noviembre de 2025

Lentitud

 ¡Qué semana tan lenta! Apenas es martes y casi las seis de la tarde, la luz sigue ahí, amarrada a la barandilla de mi terraza.

La semana pasada también se lleno de esa lentitud perezosa que arrastran algunos días de otoño. Es igual que me divierta, que duerma, que trabaje... si miro el reloj aún queda tiempo para terminar.

¡Siguen siendo casi las seis! He dudado si escribir baranda o barandilla, lo he buscado en dos diccionarios. Al final he optado por el lenguaje más casero.

¡ Aún no son las seis!

La lentitud del tiempo cuántico va relacionada con el leve hinchazón de mi tobillo izquierdo. Así, espacio y tiempo guardan una similitud percibida y cierta; subjetiva y objetiva simultáneamente - como resulta obvio-.

He visto un vídeo sobre la teoría cuántica del espacio-tiempo para poder escribir dos renglones; no me importa; pero siguen sin ser las seis.

¡Casi las seis y martes!

Me entretengo en pintar unas tablillas con haikus  que tengo de hace mucho o poco, todos antes de las seis, claro. Escucho un podcast de Alex Fidalgo, bebo un te macha y realizo ejercicio suaves de tobillo.

Todo me sale lentamente mal. 

La acuarela emborrona las alas de la mosca y los pétalos de las buganvillas;  la madera no ayuda. Esta ya no vale. El tobillo sigue con su hinchazón derramado y no sé qué ha dicho Alex.



No es un buen momento para pintar un girasol cabizbajo.




¡Las seis y uno! Pinto una rosa y una amapola. Salen algo mejor. Confío en que el tiempo transcurra más rápido.




miércoles, 10 de septiembre de 2025

Oporto II

 

Oporto es una ciudad dibujada con encanto y con calles empinadas.

Subir  entre dos resulta más sencillo y agradable, aunque no sea necesario.

Al mirar esta fotografía veo que hemos coincidido en modelo de sombrero y hasta camisas; ropa  y caracteres parecen similares.

Pero su camisa es lisa y más oscura, la mía a rayas; él tiene azogue, yo, por lo común, tranquilo; sus pantalones son modernos y rasgados, los míos grandes y clásicos; él toma gin tonic, yo whisky; los sombreros sí que son iguales, blancos, como nuestros equipos;  él calza  pikolinos de oferta, yo zapatillas rebajadas. Nos reímos de las mismas tontunas y si hay que bailar se baila.

No me extraña verme en esta fotografía, abrazado a gusto con mi amigo Juan.





noche de Oporto,
en el recuerdo
dos sombreros y un abrazo



Para Juan, con cariño.