jueves, 17 de septiembre de 2015

Rosa de navidad




Tomó nota del gordo de navidad a mano alzada en una tienda de ultramarinos que le pilló al paso. Lo apuntó con números apretados, lentos y desiguales sobre un papel gris de estraza que le dejaron. Fue hace bastantes años. Su marido le dijo que estuviera pendiente del gordo, él venía con el camión de vuelta de Barcelona. Pero ella, Rosa, se marchó, insistida y necesaria, con una vecina de escoba a recoger algún documento de póliza a los juzgados. Allí el ambiente se respiraba serio, no parecía navidad, serio y silente. A Rosa del Cerrico - así se presenta - no le agradaron esas caras de espera , ni la espera y, quiso poner bulla.

- ¿Mire usted si se arrima este número al gordo? - dijo con voz de timadora inocente, dirigiéndose al guardia civil mientras sacaba con indiferencia el número de estraza arrancado dos calles antes.
- ¿Pero es que tienes este número criatura? - le contestó el sorprendido civil agarrándose el tricornio con ambas manos.
- Mi marido lleva cuatro cosas de estas que ha comprado en  Barcelona, viene de allí ahora mismo en el camión. - seguía con postura de niña buena -
- Dime la matrícula del camión que le avisemos, no sea que le pase algo. ¡Os ha tocado el gordo! - seguía con la manos en el tricornio.
 - No la sé.-  -atinó a responder, se sorprendió ante la diligencia y amabilidad, y salió rápida como pudo entre enhorabuenas y abrazos  desconocidos.
Al llegar a su barrio, a penas media hora después,  ya lo estaban celebrando los parroquianos en su bar habitual. Su marido también.

- Ven Rosa, arrímate tú y el gordo de navidad que lo tenemos que celebrar. - La besó en la frente primero y el los labios después y brindaron - ellos sabían los motivos -.

Albacete es muy pequeño para ocultar un premio apócrifo de navidad. - Y Rosa mucha Rosa.