sábado, 22 de diciembre de 2012



Caen las hojas de los plátanos, en diciembre no es necesaria su sombra. Es sencillo contemplar su balanceo acolchado por el aire mientras se camina.
En las moteadas ramas las hojas quedan colgadas, caídas, cambiantes de color, amarronándose.
Quiero ver el preciso momento en que se desprende. Me siento en un banco del parque, espero.
 Mientras observo, los pensamiento vagan entremezclando la comida del mediodía con los hijos, con la nochebuena, con los sueños. Los gorriones revolotean entre las palomas. Hace frío. Cambio hacia un banco soleado y me vuelvo a concentrar, las hojas siguen cayendo pero no acierto a ver el preciso instante cuando se desprenden los pecíolos de las ramas. Es más complicado de lo que pensé. Tras una nube desaparece el último rayo.
Tal vez otro día.

caen las hojas,
el Gordo de navidad
aún no ha salido.

lunes, 17 de diciembre de 2012



Once grados, algo de luz de la tarde y un viento suave que lava la cara. Puedo ir con la cazadora roja desabrochada. Llevaba tiempo sin buscar el camino que conduce a la Pulgosa, está repleto de gente que corre, que patina, que pasea perros mientras habla, de parejas y solitarios que andan - como yo -.
 Unas chicas jóvenes - incluso más que mi hija - corren en grupo con colores rosas disciplinados y dejan a su paso un ligero aroma a goma de borrar, sus coletas bailan y hablan a pares entre sonrisas.

Cruzo el jardín botánico - que debería embellecer el horizonte -  su peso de hormigón cuadricular y rejas lo asemejan  más a una cárcel de árboles que a un jardín. Confío que el paso del tiempo oxidará los muros y le quitará humanidad. ( Me extraña que no tenga graffitis.)

Mis caminos de otras tardes son destinos sutiles, encuentro calles en las que la gente camina para ir a sitios, entran y salen, se paran en los pasos de cebra y fuman en la puerta de los bares, nadie camina con ida y vuelta, solo yo. Y después de las calles llega la tierra, mezcla de erial y abandono, y luego casas con campo cercado que enseñan las copas de los cipreses y de los pinos, y después el ladrido de perros con ojos de diablos y "el glugluteo" de unos pavos escondidos tras una puerta verde y unas cabras pastando junto a un caballo y almendros con almendras negras y una mano...

Pero, no se porqué, estos caminos no son solitarios.

hacia el sur,
camino a la Pulgosa
en silencio.



jueves, 13 de diciembre de 2012



Cambio de cadena
llevo meses sin ver las noticias
me entristecen
me enrabietan,
me recorren ansias purpúreas de levantarme
y derrotar a todos los hombres
a todos los partidos fingidos
a nuestros sindicatos legales
a los futbolistas
a los independentistas cansinos
a los inanes presentadores de la tarde...
solo
me alivian
 los cómicos, la poesía y la calle.

En días/momentos así
recuerdo a los amigos revolucionarios
que cambian el color de la bandera
- y ahora los entiendo -
a los que, en la barra de un bar, rompen los palillos
como si quebraran los huesos de su fortuna
y a los derrotados que zigzaguean por la avenidas
pidiendo algo de trabajo o algo de vino.

Estoy leyendo poesía del dieciocho
donde hablan de héroes míticos
de campos que verdeguean en los primeros rayos
de poetas y cítaras
y me entra melancolía
porque no les empujaba en la vida
los anuncios de la coca-cola.







viernes, 7 de diciembre de 2012



diciembre en Madrid,
mientras huelo a castañas
suenan las sirenas.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Alcaraz

Si puedo visito el cementerio cuando voy a un pueblo por primera vez.  La parte más antigua es siempre la que guarda más sosiego, tal vez porque los muertos de antes descansan mejor o, quizás, porque los días y la lluvia embellecen los recuerdos.

Me paseo entre las tumbas y sus cruces, todas adornadas con flores, unas de plástico rosa y blanco, otras con el tallo amarilleando del vecino y, la sepultura de algún niño eterno lleva claveles caídos.

Algunas inscripciones son de mil ochocientos tarde, y me extraña que sigan tan cuidadas, sin olvido, sin perder el arraigo y la blancura. Como si el tiempo no rompiera la parentela y la paisanía.

Una tapia aprovecha la mirada del castillo, otra cae escarpada hacia la Trinidad y el Tardón, otra tiende al río y a los chopos de otoño y la cuarta se encarga en convertir en impares los pasos.

Cada cruz guarda sus lágrimas y las miro para intuir su origen, el desenlace. Todas son discretas aunque aguanten la mirada.

Los cipreses nos guiaron desde la plaza hasta lo más alto, y siguen - parece que tristes - como vigilantes de espíritus y almas.


sisea el viento,
dos flores han caído
sobre la tumba

jueves, 15 de noviembre de 2012



llueve en el parque,
mientras busco un esmerejón
tres caracoles.


- para Antonio Muñoz -

lunes, 12 de noviembre de 2012

domingo, 4 de noviembre de 2012




Termino de  soñar con una poesía,
me ronda aún entre la piel despeinada,
os la cuento.

Había una barra con cervezas  repletas de espuma
que se reflejaban en los espejos esquinados,
algunos huesos de aceitunas
repartidos entre los ceniceros y el suelo,
cuatro o cinco personas
Roger Wolfe y yo
- no hablábamos en inglés -
fumábamos sentados en unos taburetes mordidos
ensimismados en la volutas desconchadas de las columnas,
la camarera, de generoso escote,
zigzagueaba sus labios de abundante carmín entre nuestras pupilas,
se respiraba soledad agria
y una tristeza desconcertante
como lluvia de alfileres,
lo tenía todo para un buen poema realista,
todo,
hasta que iluminaron la calle
dos lunas llenas.






jueves, 25 de octubre de 2012

Paseo por la lluvia




Llueve, la luz tamizada por las nubes grisea la tarde, los coches pasan produciendo sones de mar, atardece  sobre un grupo mojado de inmigrantes que sale y entre del 24 horas, siempre sin nada en las manos.

Anochece confusamente; todo el mundo camina más rápido como si caminaran  entre los túneles de un metro impaciente, los paraguas desdentados aguantan un día más, los bares encienden la chimenea para sus clientes fieles.

Llueve, alguna pareja se da la mano para mantener húmedo el último beso, otras se cogen del brazo acercándose unos milímetros más mientras cruzan el parque con cuidado para no molestar el silencio de las hojas.

Llueve tan pocas veces que miro el crepitar de las gotas sobre el asfalto con cierto embelesamiento hipnótico, como si fuera un álbum antiguo en blanco y negro, con antojo de mesa camilla, un brasero de butano, olor a mis hermanas conmigo jugando a los monos - nosotros lo sabemos - y una ventana pegada a un rosal.

Ver llover no es solo ver llover.

lunes, 22 de octubre de 2012

Pablito el de las varas.



Otro día del Camino, hoy con lluvia, la sexta etapa va de Estella a Los Arcos, alrededor de veintidós kilómetro, enseguida se pasa por Ázqueta, apenas a siete kilómetros, se llega demasiado pronto para almorzar, se toma una pequeña subida hasta llegar a la plaza, el cuerpo va caliente a pesar del agua,  sin cansancio, con ritmo y mientras se va alcanzando la plaza y la iglesia, acodado en una barandilla nos encontramos - unos coreanos, una china y yo - a un señor de más de setenta año,  barba de predicador y ojos jóvenes y azules. Nos pregunta  con tranquilidad,
 -¿Queréis sellar?.
Para quien sea lego en estos órdenes le diré que, los peregrinos del Camino de Santiago viajamos con un cuadernillo al que se le van estampando diversos sellos por dónde pasas - iglesias y tabernas - solo con ese documento te aceptan en algunos albergues, es el único dni que te exigen.
Retomo.
 - ¿Queréis sellar? . Mi casa está aquí al lado, es solo un momento.
Lo miro buscando el truco, ¿nos querrá vender algo?, ¿nos hará rezar?, ¿...?. Mientras él hablaba sosegado recordé algo que había leído de este recorrido y acerté a preguntar.
 -¿Pero usted quién  es?.- Se calló, me miró en silencio y sonrió.
 - Yo..., un personaje del Camino.
- Pues entonces ya sé su nombre, le dije con alegría y orgullo. - Mentí, y además con facilidad,  solo sabía más o menos su nombre,  dudaba entre si Paquito o Pablito.
- Dile a estos (señalando a los asiáticos), si quieren sellar.
Me lo decía a mi que mi única manera de hablar idiomas es elevar la voz y gesticular . Pero así lo hice, les señalé con la mano para que me siguieran y enseñándoles la credencial les indiqué el sello. Y para mi sorpresa me comprendieron.
Una vez en su casa nos contó - aunque solo entendí yo - que llevaba regaladas más de veinte mil varas de avellanos, que este año se encontraba regular y que aún no había ido a por ellas.
Mientras narraba sus historias pensé en todas las sorpresas alegres que habría obsequiado a los caminantes y opté por darle mi navaja. ¡Qué mejor recuerdo viniendo de Albacete!. Lo aceptó sin dudarlo, me dio las gracias y me enseño una estela que se encuentra en su jardín, a la sombra de un árbol con nariz de elefante. La estela por un lado enseña la cruz de Santiago y por la otra la de Malta.
 En el libro de visitas puse "una alegría más del Camino", los coreanos también dejaron una sonrisa. Después me contó que la gente lleva mucha prisa y que solo se ocupan en llegar y no en mirar ni en hablar con la gente ¡ah! también me dijo que los vascos y catalanes no se dan cuenta que quién es es y quien no, nunca lo será.
Me alegro haberme cruzado con este personaje.



martes, 16 de octubre de 2012


Uno, dos, tres  ...
si no pienso me pongo a contar
cuatro, cinco, seis...
y sin motivo alguno vuelvo al uno,
tal vez para marcar el ritmo
pie izquierdo, pie derecho, bastón,
miro al cielo
mientras respiro
busco en el horizonte
los cruces
las cruces
bordones y sombras,
luego, más cerca
menos cielo
intento reconocer las hojas
del roble
del acebo
de las hayas
ahora también las de boj
y sigo, como todos
pero cada uno con su idioma
con un paso entre flechas amarillas
y caracoles verdes
y algunas que otra mariposa
por cierto,
¿dónde duermen las mariposas?.

lunes, 15 de octubre de 2012


desde Roncesvalles,
en un bosque de brujas
hojas de acebo.


(a las afueras de Roncesvalles se encuentra el  Bosque de Sorginaritzaga o Robledal de las brujas)
Es el primer día, transcurre desde el río Nive hasta la Colegiata de Roncesvalles-Orreaga hay más de veinticinco kilómetros de Pirineos.
 Parece que no va a amanecer. Son casi las siete y media y no clarea, me asomo por dos ventanas enfrentadas para adivinar la luz y solo las farolas iluminan la calle medieval de España. El hospedero, que nota mi vaivén, me recomienda un café y una tostada con mantequilla y mermelada de ciruela para esperar.
Con la primera celestía suenan los bordones sobre las piedras, a un ritmo de Semana Santa y suspiros.
Un par de fotografías para la memoria y a subir. Sin tiempo para otear los perfiles al natural. La calle se empina y desaparece el ligero frescor de la mañana. No hay prisa, lo sé, tengo que buscar el paso justo, cada uno busca su tiempo. El pueblo tarda en quedarse atrás, solo han pasado los primeros cuatro kilómetros de cuestas. Una tras otra. Mientras me recoloco la mochila pienso que me he traído demasiadas cosas, levanto la cabeza y observo a los peregrinos que van por delante, más arriba, más altos, más lentos.
...

En el refugio de Orisson se descansa y se mira, van aproximadamente ocho kilómetros de subir y sudar. Es la última oportunidad para sentarse, pedir algo de  beber y comer  hasta Roncesvalles, en el siguiente alto las provisiones saldrán de la mochila. Mientras me como un bocadillo con una cerveza descanso contemplando el paisaje, tan diferente al manchego, montañas verdes, ovejas de cabeza negra sin pastor que las vigile, vacas canela... También, y no con menos atención, tomo nota de los que estamos por allí, compañeros desconocidos de una pequeña aventura señalizada.
Me da pereza comerme el último bocado, sé que me tendré que colgarme el equipaje y seguir. Sigo,  ando alegre, aunque siempre adelantando la vista. Se deja el asfalto un rato para seguir subiendo por caminos. Con cada caminante que me pasa - alguno también adelanto yo - me cruzo una sonrisa o unas palabras - como me duele no saber inglés - .


viernes, 14 de septiembre de 2012

Senryus de Feria

voy a trabajar,
vuelven de la feria
mis dos chiquillos.

(finalista en el I concurso literario "feria de Albacete contada en senryu"

muchos mojitos,
en el váter de chicas
la cola más larga.

tras la comida
"hinchao como un fati"
¡upss, un miguelito!


sábado, 18 de agosto de 2012




Estaba reflexionado sobre la muerte...
no por estar triste
ni por pensar en silencio
solo miro a un lado
igual que observo una cerveza
mientras bebo agua.


Tal vez sea el calor derrochado de estos días
el que hierve mis vaivenes,
el aire africano
que invade las calles a ráfagas de lanza,
el sudor solitario,
no sé, algo de eso,
el caso es que
a duermevela imaginaba que
cuando  fallece alguien a quien queremos
la muerte se queda atrapada 
entre los dedos de los vivos
en las comisuras de los párpados
en las heridas de los hijos
enredada en el pelo de los amigos
y en las risas de la hermanas.


Y aunque el muerto 
se marche dormido
como una estrella fugaz
la muerte se queda en vela
recordando las estrellas.






miércoles, 15 de agosto de 2012




Esta mañana
en el paseo
mientras refrescaba el aire
todo han sido sueños...
a cada paso
y a cada dos,
entre cardos secos
entre almendros abiertos
sueños, sueños...
hasta llegar
hasta volver.





jueves, 9 de agosto de 2012

Mochilas




Vigilo las calles
entre las nueve y las nueve y media
entre Caldereros y Jesús Nazareno,
entre el Portón y la Purísima,
escondiéndome en los soportales
con motivos desconfiados
buscando una respuesta que cae
entre las manos.

Es fácil, a estas horas, saludar
y distinguir
- si tuviera a quién-
las caras van lentas en agosto,
arrastran a sus perritos blancos
con un paseo rápido para que meen,
el humo pálido en las manos
entretiene bajo los dinteles
a los más perezosos
y otros
deslizan unos pies forzados,
no se ven sonrisas.


Miro
casi espío
escondiendo el relieve
entre el ruido de los bares que levantan las persianas,
encuentro algún tonto
que lleva, de buena mañana,
el cuello de la camisa levantado
y a otras gentes
que van con mochila y andares insumisos.

Unas mochilas esconden exámenes en rojo
otras son de los más pobres que caminan
y que encierran confundidos
el pasado y el porvenir.

Se acercan, a estas horas,  a un hogar para los de sin hogar
van limpios
morenos
con un moreno arrugado y dormido
un moreno de contenedor y asfalto
que los distingue
como una estrella amarilla
de los gentiles.

Llega la hora
pasan las nueve y media,
- no encontré la mochila que buscaba
tal vez mañana
o al otro,
tal vez no haya nada.

Dejo las calles y las sospechas
hasta la madrugada.








mi hijo llora,
no maduran los higos
este verano.

jueves, 2 de agosto de 2012

contestación a un mensaje de móvil



Ayer, antes de que saliera el calor, me vine para Barreiros, un pueblo - con nombre de camión de antes-  que disfruta de las olas rotas del mar Cantábrico. El viaje lo realicé de dos golpes, una parada para desahogarme una hora antes de llegar a Oviedo, luego en el mismo Oviedo en la calle de la Gascona a tomar una sidra, cecina y pixines. Un paseo por la frescura de la catedral y por el sol templado de las calles para deshacer las burbujas y luego en un par de horas más hasta aquí, Casa do Marlo se llama este hotel rural. Un hotel con cimientos antiguos y maderas limpias, pocas habitaciones, tan pocas que se las numera por la orientación y la planta, la nuestra es la 2ª SW.
Ayer al poco de llegar, voy a llamar a los padres para decir que el viaje bien, y mandar besos, y veo en el móvil un mensaje misterioso, "nos vamos a comer luciérnagas, te vienes?"... , me sorprendo, ¿quién me invita a eso? yo como de todo, o casi, reflexiono, me pongo las gafas para leerlo completo, "hemos quedado esta noche ... para coger luciérnagas" AHHHHH, suspiro, tampoco es que sea una actividad de lo más habitual pero es otra cosa, son gente distinta que a ratos se les ajaponesan los ojos, me río, voy a contestar pero no puedo decirlo todo por un mensaje de móvil, opto por el blog.  Nunca he visto una luciérnaga. Me hubiera ido, pero me pilla lejos. A pesar de estar bien, me hubiera marchado esa noche para atrapar luciérnagas y haikus, ¡quién sabe si terminaría comiéndome alguna!.
p.d. contéstame si recibes mi mensaje.

lunes, 30 de julio de 2012

Canario



Es frecuente que, al menos un día a la semana, pasee por un camino escondido que he terminado haciendo mio. Para llegar a él no es necesario alejarse demasiado  de las señales de circulación, pero,  aún así, es suficiente para cambiar de sonidos y los aromas. ¡Nada hay como el olor a pino con el calor!.Apenas unos árboles más allá de la grava, una revuelta más, dos almendros y una higuera, y empieza mi mundo breve. Allí se puede llevar sombrero, bastón y ropa descuidada sin que las hormigas comenten en voz baja. Almendros vallados y amargos, nogales rayados, cinamomos intensos, corregüelas rosaceas, uvas enveradas, a todo le voy poniendo nombre.

Y ayer, o hace un par de días, se cruzó un canario, amarillo suave, con plumas blancas en la cola y pico de mozo. No me miraba con miedo, ni guardaba educación en las distancias. Daba gusto verlo pasar por las rejas, volando entre las fronteras, picoteando al suelo con alegría, jugando a dar saltos callados, revolando entre los arbustos y las espinas.
Luego, sin necesidad de cantar, se marchó, también yo, no tenía nada más que ver.

día de calor.
en el camino de siempre
una sorpresa.

miércoles, 25 de julio de 2012

Moon river



El calor desnudo del verano
como un virus suicida
golpea las calles con un viento negro y lúcido
una niebla de píxeles
se embosca tras las sombras de las copas verdes
y en el horizonte de la carretera
como un tuareg dormido.

La calor,
en los barrios altos
arropa a los niños
como una madre novata
mientras ellos cazan  moscas

las mismas moscas
los mismo niños
cada verano.

Las calles se abandonan
blandas
cierran las ventanas
y ronronean como ojos de gatos,
los semáforos son los únicos que mantienen la cordura
- aunque a nadie le importa -

La calle Ancha
el parque
Tejares
tus manos
las mías
todo arde.

Y si no puedo más
me tumbo
y escucho
moon river
- no tengo donde ir -.












lunes, 9 de julio de 2012





Al despertar
mi primera imagen son hormigas,
pequeñas, rápidas
discretas y huidizas como sombras
que cosquillean el iris de la alborada,
cierro los ojos...
escucho los golpes del corazón
sobre las arrugas de las sábanas
- va lento,
a treinta y seis
a ritmo aproximado de un LP antiguo,
un LP silente,
abandonado entre los recuerdos

cierro los ojos...
la boca me sabe a sal y a sueño
sobre la mesita
a tacto ciego
el móvil, la radio, un libro,
más libros.
- soy yo

empieza el día
abro los ojos...








lunes, 11 de junio de 2012



Actualidad y enfado.

Ahora me trastean que se puede vivir
sin anillos
sin abonos de plata en el chaleco
sin humo prohibido
sin idiomas raros
sin martinis
sin paraguas
sin deudas a interés compuesto
ni solomillos a lo arguillano.

Ahora van con el bulle bulle
de la vida menesterosa
de las paredes monacales
y los yogures blancos,
de agarrar el momento
las sonrisas del amigo
y las hostias de la flores.

Ya no importa el futuro
solo debo disfrutar el ahora
ni un paso más,
si acaso
y con cuidado
 recuerdos de lebrillo,
pero el futuro no,
eso es pasado - y contradictorio -
antiguo,
ya no se  cuñan la garantías
en los supermercados.

- ¡Qué sí, hombre , que sí!
que me has convencido,
que no sé bien quien coño sois,
ni dónde estáis,
pero no me llaméis más a la hora de la siesta.

Y si tanto os gusta coger,
¡que os den...!

sábado, 2 de junio de 2012




Es lo que tiene La Mancha, apenas pisamos junio y los colores verdes de los campos caen como hojas de otoño; poco mas de dos meses, mientras la siembra tira, el horizonte es cántabro y llano. Hoy paseo y el campo se ha dorado,  las espigas cabecean - entre cansadas y dormidas - bajo el sol pesado de la mañana, las jaras florecen en amarillo oloroso, las correhuelas - algunas rosadas-  pintan las raíces de los pinos, la higuera sigue verde y fruta dos o tres higos, un colorín se mueve entre gorriones; pero se ha ido el verde, es lo que no tiene La Mancha. (Tampoco veo patos)


en la Pulgosa,
un solo colorín
entre gorriones.

lunes, 28 de mayo de 2012



La vida cambia la vida.

Los abrazos que parecían caídos
vuelven
los apretados besos
buscan otra vez tus mejillas
sin argumento
y las confidencias vencidas
 que sonrojan tu juventud
tachan insomnios pasionales de  aquella madrugada.

Ahora, cada tarde compartimos
- a eso de las ocho -
soplos de lluvia verde
con  pasos lentos de esperanza.




miércoles, 23 de mayo de 2012


Focha Común.

Tiene el pico blanco, ya ves, con la mirada disimulada, la frente pintada y las plumas negras, negras. Resulta extraño, como si el pico se alargara o como si la cabeza se incrustara. Cavilo mientras compongo la imagen lógica. Es posible que ni sea un pato en el sentido estricto, - lo digo por la forma del pico - aunque flote y se trate con los patos.
Es un recuerdo, solo, entre la arena y el viento de la bahía.

viento en la bahía,
una focha común
entre los patos.



sábado, 12 de mayo de 2012





Se baten dos huevos, azúcar - la que admita - dos cucharadas pequeñas de café, un puñado de almendras y un chorreón de coñac,  cuatro tasas de harina, unas ralladuras de limón... Esa es la manera de escribir de las buenas cocineras, pero es desesperante para los malos hijos que solamente se dedicaron a comer y halagar con besos pegajosos de niñez y, ahora, necesitan medidas de sistema métrico decimal para andar en la cocina.
El tiempo pasa más deprisa, y luego hay cosas que parecen eternas, pero que tienen fin.
Mientras leía el cuaderno de recetas de mi madre, con las manos manchadas y el delantal ajustado, recordaba el sabor de todos los dulces de los que había disfrutado: torrijas, arroz con leche, migas de niño, natillas, rolletes de carrete, tarta de galletas y leche frita.
Vuelvo a a leer el cuaderno, veo notas sobre notas y escrituras de distintas manos, - tal vez mi abuela le corrigió a mi madre.
Miro el horno, huele bien, posiblemente he acertado. Saco el recipiente y lo encuentro tostado de más, no ha subido hasta arriba como debe ser, pero no tiene mala pinta, cuando lo saco del recipiente y lo vuelco sobre la fuente lo destrozo, sigue oliendo bien, lo pruebo. No es como entonces. Solo puedo hacer una cosa. Llamo por teléfono. -Mamá, el domingo voy a casa a que me enseñes a hacer tu bizcocho.






domingo, 6 de mayo de 2012

Paseo



Domingo, seis de mayo, Santo Domingo Savio - valga la redundancia  y la uve - y día de la madre.
Llueve, muy poco, apenas o mejor, chispea, muy poco, apenas, la nubes forma un cielo de lascas blancas y como casi todos los domingos, desde hace un año, comienzo a pasear, hoy más solo, tal vez por la lluvia ermitaña.
Alejarse del asfalto es cuestión de minutos, siempre empiezo mirando a un Corazón de Jesús que bendice a los caminantes de Santiago y a otros - aunque no quieran - y a las puertas abiertas de Villa Serena, constantemente de par en par - allí nadie roba -, pero a los pocos pasos, otra parcela, Los gnomos con sus dos perros ladrando a dúo rompen por unos segundos el equilibrio esmeralda, (me duele que después de un año no me reconozcan), el más alto me recuerda a un adolescente despeluchado y el otro, a un perro.
El camino está limpio, un caracol cruza, a los lados el campo florece en verde intenso, se distingue el trigo de la cebada y de las amapolas.
Amapolas, y otras flores sin nombre flanquean los pasos. Sigue sin venir nadie.Oigo la radio y los pájaros y el viento. Los almendros, ya sin flores, están repletos de arzollas, robo tres a hurtadillas y me las como despacio para recordar otra época - me siguen gustando -.
Miro hacia todos lados, de cerca las flores más pequeñas amarillas, de lejos Chinchilla. Se ven algunos pájaros pero ningún bicho que asuste o incomode. Me sigo asombrando de como cambia la higuera de domingo en domingo, sobre todo las primeras hojas que brotan en forma de fruto y me lamento del pequeño manzano cortado que sigue languideciendo sobre su sombra.
Todo me maravilla, como si fuera adornos de navidad, como si tuviera ojos nuevos, como si fuese la primera vez que llega la primavera. Y reflexiono. En mi pueblo a las  amapolas se las llama ababoles, y  se recogía a sacos para comida de los conejos. Ahora, pintan el campo, una a una y se forman ramilletes silvestres, ¡los tiempos!
Cuando el camino tercia, descubro unas botas de mujer tiradas entre una amapolas- ¡joder, eso es un haiku!

Lluvia de mayo,
entre los ababoles
botas de mujer.



jueves, 3 de mayo de 2012

Silencio



En el desvelo
paso por tu puerta cerrada
- igual que tus labios de plata-
me detengo a oír como respiran tus sueños
es un segundo para seguir sin nada,
y continúo
y tropiezo dos o tres pasos más
esperando la madrugada.


Y llega la mañana
lenta,
contada a golpes de radio
y
volvemos a deslizarnos en el silencio
 impuesto
como penitencia
como meditación
como aviso y,
 una afonía sin disimulo
 cae desde la cocina
hasta tu almohada,
y en esos poco metros
se cruzaran
solas
nuestras miradas disfrazadas
y que se mueven
como el frío destemplado
en la espalda.

Y mientras cuento los desvelos
sigo esperando
 suspiros rosas
 y palabras lloradas
para decirte de nuevo
tantas veces como haga falta
¡dame un beso,
abrázame fuerte,
que me rompes el alma!








sábado, 21 de abril de 2012




FINAL

Llueve, la primera lluvia de la mañana siempre cae melancólica, la miro, como todos estos días, detrás de los cristales velados  y recuerdo unos versos de Ángel González.
Gotas largas
como alfileres líquidos
brillan al primer sol de la mañana.
La lluvia que ha mojado tus cabellos
no ha mojado tu cuerpo ni tu cara.

Termina de irse el médico, encuentra a mi tía muy recuperada, ahora hay que darle tiempo, un tiempo marcado como los andares  de los viejos, lento, sin prisa por llegar ni por terminar.

Le preguntó cariñosamente:
- ¿Cómo se encuentra hoy, Adelina?
-  Con ganas de salir de aquí. No es que me traten mal , doctor, pero entiéndalo.
El médico sonrió, mientras le tomaba mecánicamente el pulso.
- Le vamos a dar el alta esta mañana,
Se le iluminó la cara con una sonrisa,   había aguantado otro asalto a la vida.
- ¿Cuándo nos podemos ir?- quería asegurarse.
- Dentro de un par de horas, cuídese.
Echó, sin cuidado,  la cortina que separa las camas de la habitacíón y se dirigió con gesto apenado a la otra enferma para sajarle las esperanzas. Ajenos al drama de los demás seguimos haciendo por vivir

- ¡Qué bien!. Voy a levantarme y me preparo, ¡Venga, vamos!.
- Espera tía, que venga mi madre y te ayude a vestirte.
- Vale, sí, pues llámala que venga cuando pueda.- Cuando pueda no quería decir otra cosa que lo más rápido posible.

Mi madre no defraudó su ansiedad y nos fuimos sin pagar la factura, comimos los tres algo ligero ya en la cantina de la estación de La Roda - cerca de la residencia -  y luego nos tomamos un bombón a su gusto - café descafeinado con leche condensada - mientras los saboreaba, relamiéndose los labios con la punta de la lengua ponía fin a estos días tumbados.

- Oye tía
- Dime.
- Cuéntame cosas de los alemanes.





viernes, 20 de abril de 2012




La enfermera vuelve a entrar rápida y silenciosa, han pasado ya tres horas desde el último control.
- ¿Cómo lleva la noche tu madre?- me pregunta. Solo atino a decir que bien, sin entrar en explicaciones de parentescos y cariños.
De muy niño lloraba porque quería la Luna, tartamudeaba con el pelo rubio y era mimado por dos madres, eso no se puede explicar a un desconocido si no tienes una copa en la mano. La vuelvo a mirar con una ternura desvalida. Me levanto para refrescarme la cara y seguir recordando, tras los cristales turbios del hospital, miro a los árboles, en un vaivén de viento y hojas como hipnotizan sueños necesarios.

Una vez que se solucionó el problema del matrimonio, lo demás fueron pasos administrativos de esperas, pólizas y recomendaciones, hasta solucionar la propiedad de la casa y enseres que la adornaban. Ahora quedaba por pagar la deuda de la contribución con el Ayuntamiento, pero la solución no trajo aventuras ni apenas lágrimas, solo alguna de agradecimiento y apuro, fue el propio  notario el que se ofreció en prestar  el dinero y se lo fueron devolviendo mes a mes hasta extinguir la deuda. Por eso mi tía cada vez que se acuerda de eso tiempos reza y bendice a  D. Luis.

El silencio vuelve cuando cesa el arrullo de los recuerdo, y oigo a mi tía hablar sin diferenciar las vocales de las consonates, pongo atención, parece que dice algo de su madre, y que mira en dirección a la puerta, como si emprezaran a nacerle ojos nuevos en las manos, unos escalofríos de leyendas me recorren, yo también dirijo la vista hacia la puerta de forma intuitiva y, afortunadamente, no veo nada. Los espíritus de la familia aún esperan prudentes.




lunes, 9 de abril de 2012

Y SIGO...



Una vez que se habló de cómo pasó lo que pasó y que, el disgusto por la falta del sacramento, se mezcló con la preocupación por la propiedad, las tres mujeres pensaban en la misma dirección.
Mi abuela, una mujer valiente y decidida, la vida no la había amedrentado ni quitado la alegría, yo siempre la conocí con una sola pierna, con muletas larga, y  con risas; dijo:
- Nos vamos a ir a Peñascosa, allí se casaba entonces mucha gente de las aldeas de esa zona y tal vez conozca al párroco, que era muy buena gente.
En aquellos años un viaje de algo más de ochenta kilómetros se debía planear con prudencia y maletas. Primero había que ir en diligencia a Alcaraz, una carretera con una recta de casi treinta kilómetros y curvas el resto del viaje. De allí había que buscar un carro particular y caritativo.
Al final, traqueteadas y temerosas, se presentaron delante de la iglesia de San Miguel,-  que parece más una casona manchega con torre que una iglesia. Nada más entrar y tras cubrirse la cabeza, se arrodillaron a pedirle al arcángel. Mientras se encontraban esforzándose para que sus oraciones llegaran  a buen destino pasó por allí don Demetrio.
- ¡Fabiana!, ¿eres tú?. Ya me enteré lo de tu marido, y bueno, de tu accidente. Le dijo mientras miraba, solo de reojo,su pierna cortada.- Recé por su alma y por ti.
Se incorporaron, mi madre y mi tía, rápidamente para ayudar a levantarse a mi abuela. Me imagino la estampa. Cansadas del viaje caluroso, con cara de preocupación y mi abuela sosteniéndose sobre sus  muletas.
Hubo silencio, no acertaban a decir nada.
- ¿Y que os trae por aquí?-
- ¡Ay, don Demetrio!, ¡Qué gozo encontrarlo a usted!. Tenemos un problema muy grande ...
Cuenta mi tía, que parece mentira con lo poco leía que era mi abuela, y lo bien que se explicó entre verdades y penas repetidas. El caso es que el sacerdote, posiblemente apiadado por el esfuerzo del relato y la presencia, sin querer saber más de lo necesario, cortó el relato y dijo:
- ¿ Te acuerdas de don Nicolás?. Nos ha pasado en varias ocasiones, apuntaba los matrimonios en la columna de la sacristía con lapicero y después no los inscribía. No lloréis más - no hace falta decir que mientras mi abuela contaba su historia, mi madre y mi tía, emocionadas o admiradas, derramaban alguna lágrima. - Dadme todos los datos y  dentro de una semana os mando el certificado de matrimonio.
Cuando lo cuenta mi tía, ya con humor, dice :
- Tu abuela al oír aquello le flaquearon las fuerzas y se soltó una culá" contra el suelo, pero al caerse, de los propios nervios se echó a reír,  con una risa contagiosa que ni don Demetrio  se pudo aguantar.



domingo, 8 de abril de 2012





La habitación se ha vuelto a quedar en la penumbra, la luz de emergencia sobre el dintel de la puerta y la de la luna llena que, abandonada como una farola de carretera, entra por la ventana, provocan sombras sobre sombras y espera.

Adelina la mayor parte de su vida laboral la pasó trabajando y viviendo en el  Hotel Albacete - un nombre original -. Si digo que ella recuerda aquellos años con cariño no resulta extraño, eso se lleva en el espíritu y el suyo no ha sido ni reivindicativo ni envidioso. Esas virtudes las hemos recogido los sobrinos.
En el hotel se alojaba mucha gente de lunes a viernes y allí comían y cenaban casi todos los días, al final resultaba un ambiente familiar, todos se trataban.
En esos tiempos conoció al de la RENFE y también a un notario D. Luis Cardenal Infantes, al que aún sigue agredecida por lo que voy a contar.

 Mis abuelos al venir de Masegoso compraron una casa, vieja pero suficiente, cerca del canal de María Cristina, con un corral que servía para criar alguna gallina y guardar trastos. A la puerta de  esa casa se  sentaba mi abuela a tomar el fresco en el verano y a charlar con los vecinos, mientras los críos jugaban tranquilos en la calle sin temor de coches ni extravíos. Una tarde, apenas dejaba la fuerza el sol, se presentó allí un funcionario del ayuntamiento, diciendo que se debía la contribución de varios años, pero además - y esto era lo más impactante - necesitábamos aclarar de quien era la casa. Al fallecer mi abuelo, no se había cambiado las escrituras en la que solo aparecía él como propietario.
Mi tía, entre lágrimas, se acercó apurada y llorando a D. Luis.
- Deja de llorar Adelina - que no me entero lo que dices - siéntate  y cuéntame lo que te pasa.
Mi tía, se derrumbó en la silla y aguantando el  llanto dijo:
-¡Ay, don Luis¡.
-  ¡Qué nos quitan la casa y nos quedamos en la calle y debiendo! - y seguía llorando -
- ¡Cálmate chiquilla, cálmate!.Respira y cuéntamelo todo, paso a paso. -
Al final, ente gemidos y lágrimas, le relató la deuda de la contribución y que debían aclarar la propiedad de la casa.
- El primer paso a dar es pedir una partida de matrimonio. Tendrás que solicitarlo en donde se casaron tus padres. Después ya te iré diciendo cada paso que debéis dar.

A los pocos días se encaminaron mi tía y mi madre a Masegoso, pero no aparecía por ningún sito la inscripción del matrimonio, ni en el juzgado de paz ni en la parroquia.  - ¡no estaban casados!-
- ¡Qué disgusto, Dios mío, que disgusto!.- repetían jaculatoriamente las dos hermanas.
- Pero madre, ¿no sabía usted que  no estaba casada?
- Pues hijas mías, yo andaba por la aldea, el muchacho bien apañao se presentó, y me dijo que si me iba con él. Me cambié de aldea y unos días por otros...- respondía mi abuela sin darle más importancia -

 seguiré ... (si se me ocurre como deshacer el lío en el que me he metido)




viernes, 6 de abril de 2012

SIGO MÁS...



Adelina cuando dejó la casa de los Cadenas pasó a trabajar cambiando sábanas con olor a pólvora en habitaciones mutiladas. Era un pequeño hospital militar , "La gota de leche", llamado así en recuerdo de una institución de caridad que alimentaba a niños desnutridos.


 Esta  historia la  he oído de pequeño y  vuelve ahora cuando repaso la herencia de los recuerdos,  pero veo que me faltan fechas, situación, contexto, más detalles para contarlo.


Con lo que hay. No sabe de que color  eran los uniformes, pero está segura que no había terminado aún la guerra- ¿Podrían ser brigadistas alemanes que  habían huido de su país? - Albacete fue zona roja en la guerra -. Cuenta que esos alemanes eran ordenados,  buenos y con acento ortopédico. Uno de ellos, que saludaba con un brazo de aluminio, le regaló sus primeros zapatos de tacón. Eso nunca se olvida. ¿Por qué le compraría esos zapatos?, ¿se portaba muy bien con él, querría conquistarla a pesar de juventud?. Mi tía no sabe leer ni escribir, y se lía en cosas básicas, otras las pilla al primer parpadeo,  con un sentido afinado e intuitivo.



Mientras estoy ensimismado con los germanos, sin aviso da la luz una enfermera que entra decidida a poner termómetros, revisar goteros y a intuir complicaciones. La compañera de habitación se queja con prudencia al cambiar de posición en la cama, no se ha oído, ni a ella ni a su acompañante,en todo el tiempo que llevo allí, se las ve poca cosa, recogidas, sin querer molestar a la vida.


Al mover la enfermera a mi tía, aunque lo hace con cariño, abre los ojos. Aprovecho para preguntarle


 - Tía, ¿y los alemanes?.


No he podido resistirme. La enfermera se da cuenta entonces de que estoy allí, me clava la mirada, me analiza, no sabe que pensar.


- Eran buenos, nos dejaban tranquilas. - Murmura mi tía y vuelve a dormir.


 Sin necesidad de entender se ha marchado en su ronda inerme, parece ir pensando que en esta habitación, de momento,  tampoco hay que avisar a Dios.

miércoles, 21 de marzo de 2012

SIGO...



La miro ladeando la cabeza y juego a estirarle la piel de la mano con caricias redondas de mi pulgar.
Continúa adormecida, respirando con voluntad, incómoda entre el suero hincado y el oxígeno. ¿Cómo ese cuerpo, ahora tan pequeño, puede aguantar tanto?. Abre los ojos, se quita la mascarilla y sin apenas abrir los ojos me dice que tiene ganas de vivir por lo menos otros diez años, para ver como termina la cosa, y vuelve a quedarse adormecida. Sonrío, parece que ha oído mis pensamientos, ¿qué cosa querrá ver terminar?, ¿ qué estará soñando?, es posible que se lo  haya querido dejar claro a Dios.
Mi tía empezó a servir en casa de los Cadenas, una familia antigua de velo y misa, con casa grande, comida abundante, joyas  heredadas, tierras de labor y monte de caza.  Ahí aprendió finuras, rezos, puntos y dobleces que formaban  parte de las asignaturas optativas del sistema educativo de la preguerra.
Mis abuelos se criaron alejados de bendiciones y curas, solo las misas de entierro y una figura de la Nuestra Señora del Rosario - patrona de su pueblo - formaban su catecismo,  por lo que mi tía traía la fe inmaculada y sin tradición. Recuerda que su señora le enseñó a rezar el rosario con los Misterios de Gozo, Luz, Dolor y Gloria, a participar en misa, dar limosna a los pobres, a besar el pan cuando caía al suelo  y a guardar la distancia con los hombres. Todo lo aprendió a conciencia.
.../...



martes, 20 de marzo de 2012

BORRADOR PARA UN PEQUEÑO CONCURSO (se agradecen sugerencias)


Descansa en la cama del hospital, la miro, respira tranquila, dulce, sin abandono, abrigada con las arrugas de la piel, cumplió noventa años el mes pasado y lo celebró invitando a bizcocho a todos los huéspedes de la residencia, también me hizo comprar tres cajas de bombones, uno para cada turno de asistentes.  

La han traído con urgencia a primera hora de la mañana desde de La Roda ,  los médicos dudan si es alergia o tristeza, - la someterán a diversas pruebas.
Hoy, a las seis y algo, empezó la primavera, la estación que más le gusta a mi tía,  ha entrado de una forma extravagante, nevando ,  cambiando el color y el aroma del paisaje manchego, al parecer estaba ya levantada, abrigada con una bata blanca, sentada frente a la ventana, mirando los copos que caían como pétalos de almendro, poco después se derrumbó sobre el suelo helado, como si también ella fuera una flor de almendro.
Mi tía Adelina está soltera, como las de antes que eran solteras y devotas. Una vez tuvo un novio de invierno que trabajaba en las obras del ferrocarril  Utiel-Baeza, uno que la quería de verdad y además de buen muchacho, era de la RENFE, pero cuando las obras siguieron rumbo al sur no tenía completo el ajuar.   Ella lo cuenta con gracia cuando recuerda que era un hombre apañao, muy correcto y con buen jornal, pero... más bajo que ella, y eso mi tía no lo llevaba bien,  ¡la gente se quedaba mirando!¡qué dirían!.
- ¡Si hubiera sido dos dedos más alto...! No sé, no sé.- Y sonríe sin añoranza. Siempre termina el relato diciendo con picardía  que acertó en no subirse a ese tren.
Nació en Masegoso, un pequeño pueblo setero en la falda de la sierra de Alcaráz, pero lo cambió siendo muy cría por Albacete cuando a mi abuelo, que era pastor avispado, le ofrecieron un puesto de mozo en la fábrica de harinas, y para allá que fue.
 De aquel pueblo he oído muchos recuerdos, que si las puertas del corral eran verdes, que si jugaban con los vecinos en las tardes de verano a pillar lagartijas, que la chimenea siempre estaba con lumbre, esas cosas que se comentan cuando ves pasar el tiempo y no  guardas fotografías.
Adelina empezó a servir en una casa con apenas doce años, un accidente mató a mi abuelo y todos tuvieron que ayudar, a ella, por ser la mayor le tocó madurar en calcetines.

... seguiré.

sábado, 10 de marzo de 2012




Cerca de una gran tienda china se encuentran unas cuantas casas de adobe y blanco, como las de antes, el abandono las dispone estrategicamente para control de un antiguo fielato, no son necesarias  señales pactadas, ni códigos sancionados, solo un par de gitanos, que miran con una mano y con la otra doman un potro, controlan quien va y quien viene.

Pero una vez pagado el impuesto con silencio y paso disimulado el camino se hace fácil, se intercalan en los primeros metros casas viejas de paredes recicladas con huertas de caracoles y perros descastados, perros que llenan el primer tramo del paseo con ladridos atados y sospechas.
Las alambradas limitan a las flores, una casa quemada se rehace del susto, los perros siguen enseñando los dientes y ladrando, y... huelen los almendros en el camino, como una última sonrisa del invierno que tizna de miel los labios.

Una mujer detenida entre el aroma, arranca su paso apoyada en el bastón y en silencio, un silencio que parece de siempre, como si no supiera hablar.



fin del invierno.
el olor del almendro
entre ladridos

martes, 28 de febrero de 2012









Son momentos difíciles
un corazón detenido
sin nada que hacer
esperando
entre las últimas flores
cruzar la laguna Estigia
o el mar


y tú cambiando de ritmo,

y a cada persona que te trae un recuerdo
le regalas dos besos rosas
y unas lágrimas
y a las que más quieres
- se te nota -
abrazos bailados
sin pudor
mostrando el corazón deshilado
abarcando
queriendo
agarrándote para evitar desvanecerte
gritando con los dedos
suspirando por lo bello que es vivir
y comprender y aceptar...

a mi también me dejabas consolarte
traía
brazos prestados con sabor
y te susurré nombre de amigos
sin rima ni metáforas
-ay,  los abrazos de Llanetes -
dijiste mientras sonreías en frío.

¡ya ves,
en la tarde llorada
 una sonrisa!            
                                                  para Ana.
                                     









miércoles, 22 de febrero de 2012









No es tan terrible
es un camino diferente
con atajos, eso sí,
con puentes
 y escaleras escondidas en la mochila del gimnasio,
con pasos que van
silentes
bajo las ramas de invierno
y que descansan
en la aceras más frías.

Pero es así,
ve acostumbrándote,
a ver sillas vacías
y el tiempo recogido en los armarios,
libros dormidos sin excusas
agujas deshiladas
y teléfonos en vela,
por eso pienso
que no pasa nada,
que lo de menos
son los disfraces disimulados
que utiliza en miércoles de ceniza,
las cervezas con tapa regalada
y los besos tumbados,
ni siquiera eso es importante,
ni siquiera eso me importa,
¿quién lo diría?.

Yo, me voy haciendo a la idea
y por eso entreno los suspiros
entre caricias y reproches.




lunes, 20 de febrero de 2012

lunes, 13 de febrero de 2012

sábado, 11 de febrero de 2012

Alejandrina






- Alejandrina, la verdad es que tuvo mala suerte, de joven era bonica, como la que más, y se casó con uno del pueblo, uno normal, como tú o yo, uno que tampoco era muy espabilao, camionero, hasta que un día se dio una hostia que casi se mata, el camión quedó destrozao, y él se salvó de milagro, quedó con magulladuras y poco más, pero a los cuatro meses, posiblemente a consecuencia de hostiazo, se le fue la cabeza, tuvo que ser eso, lo tuvieron que ingresar en un psiquiátrico, y ahora está mejor pero es aún menos espabilao, con alguna tontería que le da por decir, por ejemplo, está jugando al tute y dice: - din-don, tocan a muerto, el cura está a punto de venir; y sigue, serio, como si nada, aparte de eso tiene un invalidez pero trabaja en el campo como el que más, como tú o yo, pero de cuando en cuando lo vuelven a ingresar, no debe estar muy bien aunque trabaje.
- Alejandrina está envejecida, se apaña los domingos con un vestido de flores muy bonico y se va  sola al bar del Boniato a tomar una cerveza sin vaso, es de mi quinta, tiene dos guachos, el pequeño ha salido a su padre, no le ha hecho falta hostiazo y la mayor es guapa como su madre, por que su madre de joven era muy guapa, como la que más del pueblo.
- Alejandrina es de mi quinta, si alguna vez la veo en el bar, me dice que tenemos que ser consuegros, su guacha para mi guacho, su guacha está muy grande para su edad, me dice que le dice a su Jessica que trate con cariño a mi Álvaro, que lo mime, nos reímos, y le digo que si su Jessica pilla a mi Álvaro, lo destroza.
-Alejandrina es guapa, pero tiene pocas tetas, nunca tuvo, se las apaña los domingos con un traje nuevo de flores, los ojos los tiene tristes, menuda carga le ha tocado en la vida, nos quejamos y no sabemos lo que tenemos. De guachos éramos vecinos. Mi padre y el suyo, y otro vecino se sentaban en la puerta todas la noches de verano, estaban propios, mi padre tenía la costumbre de sentarse con la silla al revés, como si cabalgara en una mula, Alejandrina se reía de esa costumbre, y  siempre que la veo sola en la barra del bar, los domingos, tomando una cerveza sin vaso, se ríe y me lo recuerda.
- ¡La verdad es que, pobrecilla, la vida que le ha tocado vivir.!

martes, 31 de enero de 2012

En ocasiones


Me repito
te repito
repito las cosas
lo sé, lo sé, lo sé
igual que hizo mi madre
igual que hizo mi madre
pero no puedo evitarlo
no puedo...
evitarlo
quisiera que fueras feliz
feliz
que sonrieras siempre
con esa sonrisa limpia que enamora
a quien posiblemente no quieres que se enamore
posiblemente
que no brillaran tus ojos por  lágrimas ahogadas
entre los párpados y los suspiros
y que no te perdieras demasiado
mientras encuentras tu camino
el camino
por eso me repito,
te repito
repito las cosas
igual que hizo mi padre
igual que hizo mi padre
para que cuando caigas puedas levantarte
y si fuera posible que no cayeras
para que estudies
para que no se te ocurra probar la droga
para que tengas siempre la cabeza sobre los hombros
para que seas buena persona
buena persona
para que seas feliz
para que seas feliz
en fin
¡entiéndeme, hija, si me repito!
¡entiéndeme si me repito!

lunes, 30 de enero de 2012



Al madrugar los sábados de enero es posible ver el campo helado, los brotes de rocío, que se quedan dibujados como estrellas sobre la tierra parda, y los colores del amanecer tintineando en las nubes del horizonte.
 Es curioso,  al mirar a la gente que pasa a mi lado observo como todo el mundo va bien abrigado para ir a ningún sitio, trazando un círculo, más o menos perfecto, que desemboca en la leña eléctrica del hogar. Caminan deprisa y mirando el reloj, un reloj que marca el descanso y el tranco.
 Quiero deciros que voy a mi aire, y mi aire es lento, me adelanta abuelas con bastón y toca, mujeres con el carrito de la compra y ciclistas con las ruedas pinchadas; pero se necesita espacio para mirar las ramas más tristes de los árboles de invierno, las piedras descolocadas entre las flores amarillas y los hilos de hielo de las telarañas. Las horas se escapan mirando, un mirar por mirar, ¡ya te digo! desde el rosicler del horizonte hasta el brillo de un insecto.
En invierno, a pesar de todo lo que encuentro, sigo buscando zapatos de fiesta abandonados en la hierba pero, solo hallo el reposo de botellas de cerveza rotas en el puente de madera.

¡aunque pasen frío!
botellas de cerveza
manchan el puente.

lunes, 23 de enero de 2012

martes, 17 de enero de 2012

Manhatan



A las cuatro de la mañana despega un vuelo Madrid-Nueva York, no viajo para allá desde hace tiempo, en esta ocasión presiento que solo será para reconocer a los desprestigiados que duermen bajo sus puentes y conquistar la última moda, recién lavada, en el mercadillo de Chinatown.
Tomo un taxi que me abandona en Elizabeth  Street 10, allí compro ,en el primer puesto que paro, unos pantalones rotos-anchos y camisetas que  parecen cosidas en un entresuelo después, inevitablemente, regreso a los puentes que cruzan el Hudson y busco un banco en blanco y negro para ver comodamente la vida pero de otra manera. Por allí pagan peaje hombres derrotados, bebiendo directamente de una botella censurada y arrastrando en carritos robados los recuerdos que otros reciclan; cuando llega la noche se tapan, se ocultan, con la ironía de las noticias bursátiles.
Pero el Sol, ajeno a mi estado de ánimo, realiza su puesta en escena, cambiando de vestuario a cada minuto, pasando del brillo de las lentejuelas a la templanza de una capa de estrellas, inundando la ciudad con efectos especiales de purpurina infantil  y música  de cláxones y taconeos perdidos; precioso, espectacular, ¡lástima que no sepa inglés!.


domingo, 15 de enero de 2012



La luna cambia, cada día, y a cada paso, y a cada hora y  se pone un vestido distinto, de vez en vez, y trasforma su figura - más o menos gibosa - y regula la intensidad de luz y el color, y el tamaño,y  la posición en el cielo
  Ayer anochecía alrededor de su luz prestada, sin nubes , y todo el mundo en la senda se dirigía hacia ella sin desvíos,  igual que quien va a una estación de ferrocarril,- unos tocan el billete en su bolsillo y otros esperan  -.
A pesar de que iba rápido no miraba las pocas piedras que saltean el camino, ni las flores desnudas de invierno, ni el césped recién regado, ni las zapatillas nuevas; solo a la luna, grande y con  aura de niebla y seda.
Y esta ahí cada noche, casi cada noche, y no me canso de mirarla igual que si fuera fuego de leña.

noche sin nubes,
ilumina el camino
 la luna llena.