miércoles, 21 de junio de 2017



Oigo el amanecer.
Leo a Muñoz Molina, habla sobre noches largas en las calles del Albaicín en la que un gitano atezado, con tipo de arponero, le dice: "No sé si eres un infiltrado del Ayuntamiento en los bajos fondos o un infiltrado de los bajos fondos en el Ayuntamiento". Este capítulo viene con notas de jazz y flamenco.

He abierto la puerta de la terraza para refrescar la lectura, el balcón se asoma a una plaza sin nombre de plaza; la forman un cruce de calles peatonales y una isla de césped con dos lilos. En ese rato escucho, entre el piar del alba, el sonido rascado de una guitarra y un cante arrastrado que la acompaña. No sé muy bien de dónde viene; si del piso de arriba o de la calle. Presto atención para ganar un mejor juicio sobre la música: suena cansada, más a noche,  con una armonía acorde a estas horas que terminan.

Tal vez sea algún vecino infiltrado.

se acerca San Juan,
frescor del amanecer
y flamenco.

domingo, 18 de junio de 2017



Hay que dejar la pereza dormida, levantarse y andar aunque sea domingo si no, cuando llegue septiembre y el Camino Primitivo se coloque bajo los pies, las etapas empinadas traerán un sufrimiento extra por molicie.

Al pasar por la higuera cortada, observo en la casa de enfrente como la uva cuelga, agraz y emparrada, esperando septiembre. Antes pude tocar: el almendro sin flores, en arzollas; el trigo dorado y terminado.

Sigo en dirección a la base aérea y a la vuelta veo una muchachilla - he pensado en mi hija- sentada a un lado del camino  - parecía que meditaba -  con una bicicleta tirada a su lado. La posición asimétrica descolocada de las dos, chica y bici: no del todo en la orilla, tampoco centrada, mirando al suroeste, no del todo en ángulo recto; hacia pensar en una caída pausada o un abandono desconsolado. Al pasar a su lado le he preguntado que si se encontraba bien, la respuesta de una sonrisa afirmativa y amplia, sin explicaciones, es suficiente para no entrometerme en su apostasía.

He vuelto la cabeza en un par de ocasiones y seguía ahí, como esperando terminar de oír la última oración.

Se que es tonto, pero pienso que el interés por el extraño puede cambiar el día y la esperanza. Aunque no es por eso.

Sigo. Al pasar cerca de la Lonja un gatito sale corriendo y me cruza, luego vuelve otra vez  rápido en sentido contrario. Lo escucho maullar. Está delante de una puerta intentando entrar. Se sube por la pared pero se escurre. Sigue miando. Pienso en ayudarle a pasar, entrarlo en mi sombrero y subirlo. Pero me asusta la idea porque me suena oír ladrar aquí un perro, solo imaginar la situación me decide a la pasividad. Ando y dudo, escucho el chirriar de una puerta y el consolado silencio gatuno.

Cruzo la carretera.

En la finca  de "La fuente del berrocal" plantaron - habrán pasado cinco años - unos árboles a la orilla del camino con nombre de personas. Anillados a sus troncos tiernos colocaron unas cintas con nombres y apellidos; busqué varios y vi que todos correspondían a asesinados por  ETA. Un homenaje ecologista y callado.
Ahora los árboles van estirando sus ramas  y olvidando.

Mientras regreso y repaso, encuentro alguna similitud entre la chica y el gatito.

caluroso junio,
ha perdido la cinta
el arce rojo






sábado, 10 de junio de 2017


Tengo fama de serio, la merezco.  Me he acostumbrado a este aspecto adusto aunque le saco poco partido, apenas para mantener la distancia cuando conviene y cuando no.
Me dan envidia los que hablan sonriendo, parece que la vida va fácil y bien. La gente los quieren más y sin forzarse mucho, porque parece que harán venir la lluvia si hay secano, y el sol si refresca.  A mi me pasa.
Pero yo voy así andando, más serio que un ajo. Mis amigos se han acostumbrado y saben que no me encuentro enfadado ni triste, ni les amargaré la tarde.
Y sabes, voy así por mi vida, en cada día, mientras camino y hablo y miro y sueño.
Dice una canción de Luis Pastor, la de Aguas Abril: ... aguas abril, lluvia de mayo /aunque sonría no soy feliz.

Y sabes, yo, aunque no sonría, soy feliz.