domingo, 18 de junio de 2017



Hay que dejar la pereza dormida, levantarse y andar aunque sea domingo si no, cuando llegue septiembre y el Camino Primitivo se coloque bajo los pies, las etapas empinadas traerán un sufrimiento extra por molicie.

Al pasar por la higuera cortada, observo en la casa de enfrente como la uva cuelga, agraz y emparrada, esperando septiembre. Antes pude tocar: el almendro sin flores, en arzollas; el trigo dorado y terminado.

Sigo en dirección a la base aérea y a la vuelta veo una muchachilla - he pensado en mi hija- sentada a un lado del camino  - parecía que meditaba -  con una bicicleta tirada a su lado. La posición asimétrica descolocada de las dos, chica y bici: no del todo en la orilla, tampoco centrada, mirando al suroeste, no del todo en ángulo recto; hacia pensar en una caída pausada o un abandono desconsolado. Al pasar a su lado le he preguntado que si se encontraba bien, la respuesta de una sonrisa afirmativa y amplia, sin explicaciones, es suficiente para no entrometerme en su apostasía.

He vuelto la cabeza en un par de ocasiones y seguía ahí, como esperando terminar de oír la última oración.

Se que es tonto, pero pienso que el interés por el extraño puede cambiar el día y la esperanza. Aunque no es por eso.

Sigo. Al pasar cerca de la Lonja un gatito sale corriendo y me cruza, luego vuelve otra vez  rápido en sentido contrario. Lo escucho maullar. Está delante de una puerta intentando entrar. Se sube por la pared pero se escurre. Sigue miando. Pienso en ayudarle a pasar, entrarlo en mi sombrero y subirlo. Pero me asusta la idea porque me suena oír ladrar aquí un perro, solo imaginar la situación me decide a la pasividad. Ando y dudo, escucho el chirriar de una puerta y el consolado silencio gatuno.

Cruzo la carretera.

En la finca  de "La fuente del berrocal" plantaron - habrán pasado cinco años - unos árboles a la orilla del camino con nombre de personas. Anillados a sus troncos tiernos colocaron unas cintas con nombres y apellidos; busqué varios y vi que todos correspondían a asesinados por  ETA. Un homenaje ecologista y callado.
Ahora los árboles van estirando sus ramas  y olvidando.

Mientras regreso y repaso, encuentro alguna similitud entre la chica y el gatito.

caluroso junio,
ha perdido la cinta
el arce rojo