jueves, 7 de marzo de 2019



Pronosticaron abundante lluvia para  ayer, Miércoles de Ceniza, un telón de la naturaleza para cerrar los carnavales.  Pero solamente llegó un chispeo pintado y seco; las nubes enfurruñaban el cielo por entero sin soltar.
Hoy al amanecer el viento blandía hojas y ramas; algunas flores rosas del pruno destacan en el césped del Parque Lineal.  Allí cojo el coche y salgo.

En la radio una batería de noticias breves: algo sobre el comienzo de la  cuaresma; acto seguido hablan del feminismo con la celebración del ocho de marzo; del procés - claro- y otras. Me viene a la cabeza que el color litúrgico, en estas fechas, coincide con el del feminismo, ¡ qué cosas! Opto por apagar la radio mirar al campo y ver por el rabillo del ojo como se van blanqueando los almendros.

Y el día pasa por completo entre papeles y palabras y vuelvo exactamente al mismo lugar casi doce horas después. Y el viento blando ha medrado en vendaval. Los árboles se inclinan resistiéndose, las hojas se baten y observo que no han caído más flores rosas sobre la hierba.

cuaresma,
la ventisca no arranca
las flores del pruno

jueves, 28 de febrero de 2019



Se ven algunas nubes arrastradas en el cielo, el resto es azul. El veintiocho de febrero del año pasado, recuerdo, fue más gris: los rayos de sol tamizados apenas iluminaban la piel; hubo tormenta al día siguiente, por la tarde - alrededor de las seis - llovió en frío, calando las calles y los pasos.


Los tilos del Paseo de la Estación no han florecido todavía a pesar de los trinos y de la prematura soleá, el año pasado - a estas alturas - tampoco; ellos guardan el recuerdo del tiempo y de la ausencia.


nubes arrastradas,
trina un pájaro
en la rama del tilo



viernes, 22 de febrero de 2019



Ya están podados los cinamomos de la avenida, sus drupas - arrugadas y blanquecinas -  resisten en las ramas más altas.

Tomo el camino a "Villa Carmen"  para ver si los almendros han florecido. Y sí, pero solamente los menos cuidados, los más silvestres, los otros aún andan en fila y callados.
 Me acerco a uno para olerlo; siempre me sorprende el aroma intenso y dulce a miel.  Así me limpio del  olor  a quemado que me había llegado poco antes, no sé si del incendio que ocurrió por aquí hace un par de años o de una hoguera de humo negro que arde  al pasar dos vallas al este.

olor a humo,
florecen los primeros
almendros

Ya de vuelta;  una viejecilla, con vestido negro y pelo blanco, camina con cuidado  apoyándose en una chica, que por el cariño que desprenden imagino que será la nieta.

podados los cinamomos,
la anciana cruza despacio
el paso de cebra





lunes, 18 de febrero de 2019


Subíamos hacia el refugio de Minateda, allí se encuentra la mejor muestra de pinturas mesolíticas del arte levantino - el guía consiguió que lo aprendiéramos-. El acceso es difícil y creo que lo provocan así para que apreciemos dónde vamos.

Una chica del grupo nos enseñó lo que era el incienso - al parecer existe una planta que le llaman el incienso español - y al triturar sus hojas entre las manos deja desprender ese  característico olor litúrgico.
También vimos un cagarrutero de conejos, que no necesita mucha explicación, y espinos con los que había que guardar las distancias.

En fin, llegamos con algún esfuerzo, lo esperaba algo mayor, pero no hubo decepción: arqueros, chamanes, animales, parejas ... mezclados en cientos de años de pinturas.

Hay dos ideas que no se me fueron en todo el camino de vuelta:

Una es cómo sería su lenguaje y si quedará algún resquicio en nuestras palabras más agrarias.

Y otra que, mientras aquí pintábamos, los egipcios construían pirámides. ¡En fín!

en las manos
olor de incienso,
refugio de Minateda

viernes, 15 de febrero de 2019



La mañana del domingo traía un viento alargado y frío. La sombra ocupaba el estirado paseo del Parque Lineal, el cielo enramado de nubes no dejaba pasar ni un rayo que calentara.

En estos días y a estas hora, todo el mundo salimos para correr o andar.  Aunque camino rápido  no consigo entrar en calor y me resguardo las manos, después de frotarlas, en las propias mangas del cortavientos.

La fuente levanta una largo chorro de agua, el aire lo empuja y forma una bruma brillante hacia la izquierda.

Dos mujeres, con cierto aire común, caminan fuera de lugar. Son las únicas que van lentas, con la mirada perdida en alguna tristeza. Encajarían bien en la sala de urgencias del hospital.

Al volver ya para casa, veo que sigue sentado un hombre - de mediana edad y abrigo - en el banco, quieto, como si el frío no fuera con él.

viento largo,
solo en el banco
mira la paloma


sábado, 26 de enero de 2019




Dice Mónica F-Aceytuno, en su delicioso libro "El país de los pájaros que duermen en el aire" que el sapo partero tiene una voz dulce y la piel rugosa y, como lo dice lo busqué en youtube y es verdad. Un sapo, que por el aspecto lanzaría un voz ronca, canta como un pajarillo.

El caso es que en el paseo de esta mañana cuando escuchaba los pájaros imaginaba  que podían ser sapos  subidos a los pinos, o escondidos en las matas.

  Después ya me he entretenido con las briznas que verdean los campos y con el cartel de la huerta de " villa Carmen" que sigue otro año más con el letrero de..."se vende". Es triste,  es como declarar el amor, pregonando que quieres que te quieran y nadie te reclama , no vales lo que pides. Villa Carmen necesita mucha azada y lomo.

Escucho el sonido de una motosierra - así pensaba que cantaba un sapo - y al torcer la curva veo a dos hombres podando  una higuera inerme y deshojada. Al acercarme me saludan agachando la cabeza, avergonzados por la superioridad de la pelea.

Un humo blanco, pesado y lento, se levanta entre cuatro o cinco árboles, al fondo la sierra de Chinchilla.

Al regresar vuelvo a oír trinos de sapos.

en el cebadal
las primeras briznas,
sin rastro de amapolas

sábado, 19 de enero de 2019

Me llama la atención como resisten alguna hojas secas en las ramas.  Tal vez solo aguanten algún viento más, tal vez esperan la primera nevada.

Le pasa a los plátanos con sus hojas tipo bandera canadiense, al árbol chino de los farolillos y a algún otro.

Al camino jacobeo - que viene de levante -  lo flanquean pequeñas flores blancas de cuatro pétalos;  los cebadales verdean suaves, tiernos.

Una golondrina no hace estío. Queda aún lunas naranjas y frías hasta la primera primavera.

en la vereda
flores blancas de jaramagos,
invierno