la ramita del cinamomo
se vence...
en su sombra
El paseo de la estación se encuentra delimitado por dos hileras de árboles: la interior de aligustre y la otra de tilos.
Los tilos poseen - junto con las hojas - unas brácteas que cumplen la misión de esparcir las semillas. Vuelan helicoidales con el susurro del viento. Da gusto verlas caer, girar rápidamente y vencerse suaves y verdes.
En esta época del año paseo más despacio, como si fuera escribiendo.
Observo los revuelos breves de los gorriones.
Dicen que cada vez hay menos en los pueblos, es posible. Lo que no recuerdo es, cuando era niño, ver en La Roda, palomas. Eran cosa de aldeas, boinas y de plazas barcelonesas.
Por encima de un ventanal, de donde trabajo, pasan varios cables negros y robustos que arrastran electrones convertidos en datos o en posibilidades energéticas. Y, de ellos, sale un gorrión.
caen las hojuelas,
el gorrión anida
entre los cables