Cuando llueve, o amenaza tormenta, cambio la Pulgosa por las calles de Albacete; así es más sencillo refugiarse en caso de una tromba de agua.
Llevo puestos unos auriculares inalámbricos y deambulo distraído, apenas pendiente del tráfico al cruzar las calles.
Era el momento en el que los críos entran al colegio; me crucé con multitud de niños y padres, niñas y abuelas, coches y paraguas.
Estaba pendiente del audiolibro de "Las hermanas Coloradas" de García Pavón y seguía una ruta al azar sin saber ni importarme por dónde me hallaba, solamente perseguía hacer, al menos, 9 km.
Noté en el aire un cambio, un olor a sopa temprana que me obliga a detenerme, mirar a mi alrededor y situarme: a mi izquierda hilera de chalet adosados; a la derecha dos edificios y varios árboles cercados por mampostería balaustrada.
Enseguida vuelvo a girar a la derecha y me asomo: unos huertos labrados, alguno con briznas verdes. La calle es Ramón Gómez Redondo, no me dice nada.
Giro por Periodista Ángel Cuevas y, enseguida veo una pequeñas campana dorada y sobre ella, una cruz. ¡Ya sé dónde estoy!
Pero sigo rodeando la manzana y leo el nombre de "Comedor Sagrado Corazón de Jesús" y a dos otros personas esperando en el zaguán y otra que aparca su bicicleta y se encamina para allá.
Cotolengo,
olor a sopa caliente
y oración



No hay comentarios:
Publicar un comentario