martes, 24 de marzo de 2026

¿Virgen de la Pulgosa?



Posiblemente, para bautizar a una imagen existan protocolos lacrados y en latín; pero resulta natural identificarlas con el nombre del paraje en donde se aparecen.

El  perímetro de la Pulgosa lo he recorrido en numerosas ocasiones: hace algunos años en carrera, ahora andando ligero.  El domingo, con el afán de hacer kilómetros, caminé de mi casa a la Pulgosa y, luego, le di una vuelta. 

A mitad de este recorrido es fácil que pase desapercibido un pequeño adoratorio sujeto a la valla que encierra al parque. No medirá más de 20 centímetros. Disfruta de un pequeño tejadillo que lo resguarda levemente de la  lluvia y de algún rayo de sol.  Está disimulada, casi escondida en un rincón.

La cruz se encuentra camuflada por la sombra y el óxido; debajo de la cruz una Virgen sin nombre con una ofrenda de dos racimos de flores silvestres.


Virgen de la Pulgosa,

en la capilla silvestre

se marchita la ofrenda 






¿Alguien sabe el origen de esta imagen o si ya tiene nombre?



miércoles, 11 de marzo de 2026

Primavera lenta








asoman,
entre las rejas blancas,
las flores del almendro



Hoy camino por un lugar distinto, cerca de las vías del tren que se dirigen a Madrid. Los almendros encerrados brotan más allá del límite cercado de su hogar.

Una muchacha joven y su novio cruzan a mi lado; no se pueden coger de la mano. Ella lleva un andador lento y necesita el apoyo constante de sus manos blancas, también blancas, como las flores  de los almendros.


Me resulta conocida su forma detenida de pasar por la calle, como si me la hubiese cruzado en otro haibun; aunque casi nunca vengo por este barrio de hierro. Los miro a traición y sigo con ese recuerdo que murmulla y recorre el tiempo. 


se cruzan
el suspiro blanco
y el silbido del tren



Un cartel de "prohibido el paso" me para y me olvido de los susurros. Soy de naturaleza obediente; pero remiro la calle y no le encuentro sentido al cartelón. Se referirá al aparcamiento, pero, en principio, dan ganas de dar la vuelta.



O, al menos, cambiarme de acera por si me encuentro algún granjero mascando tabaco y con escopeta. 



prohibido el paso,
solo la hierba silvestre
bajo el cartel

lunes, 9 de marzo de 2026

El peso de la corona

 


Miro esta acacia,con sus vainas negras, como el último adorno del invierno; en la base,  las flores blancas y naranjas  (la primavera); a su izquierda, un cedro del Líbano  (simboliza la inmortalidad) y, a la derecha, un ciprés, con su sombra de tibia descarnada.

Una estampa llena de opuestos  que me obliga a estirar las neuronas y despejar un leve dolor periférico de cabeza. El viernes transcurrió divertido, acobaltado y nocturno.

Me encontraba con los míos,  tomando una Alhambra verde y disfrutando. En la barra llevaba J. un rato solo y con rictus de aburrido. Me acerqué, sin previo aviso, a consolar el silencio. 

A J. le seduce la controversia con divertimento y las rancheras ratunas.  Las divagaciones ligeras de un viernes noche nos condujeron, después de un saludo,  a hablar de historia y de monarquía. Yo, cuando bebo, soy monárquico.  Por el contrario, J. es republicano y autónomo. 

Le intenté convencer de la grandeza de  Viriato contra las legiones romanas y de la marca de la casa de los Trastámara en la cultura hispana.

No lo conseguí, y si lo hice, no lo recuerdo. 

En estos momentos, el dolor periférico de cabeza no me deja pensar con claridad en el resto de la velada. ¡Debe ser el peso de la corona!




martes, 3 de marzo de 2026

Camino del Carrasco y de la Virgen

 








Este fin de semana he andado por dos caminos: uno con destino al paraje del Carrasco - junto al río Júcar - y otro que termina en el Santuario de la Virgen de los Remedios; ambos comparten un trecho común hasta la ermita de San Isidro.

El sábado 28 de febrero inicié el recorrido desde el cementerio  visitando el recuerdo de mi padre; justo hace ocho años. Ya sé que no es necesario acercarse a la frialdad horizontal de una lápida para evocar la memoria y el cariño; es solamente otra manera orgánica de estar.

La primavera metereológica comienza el uno de marzo, el campo lo sabe y comienzan a verdear los primero brotes de las siembras y, a la vera del camino, las flores silvestres - blancas y malvas - limitan su holgura. Pero el viento rachea con recuerdos de invierno y hay que ir abrigado con el cuello de la cazadora subido y guantes de lana.

En algún rincón - antes de llegar a San Isidro - los jaramagos blancos, como flores enjalbegadas, emiten una luz humilde y terral.




Las flores del almendro brotan con olor a miel; contrastan con la sequedad emparrada de la vid y de algunos  árboles desmochados.

En esta brevedad de camino encuentro de todo: unos ciclistas que saludan alegres cuando ven que voy a fotografiar la bifurcación de la senda; paisanos corriendo o andando; incluso un helicóptero amarillo del SESCAM posado como una libélula gigante y metálica sobre un erial barroso.


Cerca de un almendro veo lo que yo en mi niñez llamaba cuco y ahora sé que son nazarenos. Busco su taxonomía: Muscari neglectum. En sus nombres comunes hay de todo: ajo de perro; clavo de Dios; hierbas del querer; lloricas; nazarenos... Pero cuco no, me lo habré inventado.

Siempre que veo estas plantas me arrastran a mi niñez: la Fonda Oriental, mis primos y cortar los cucos para después  ponerlos en un vaso con agua y esperar a que llegara el silencio de la noche para oirlos cantar haciendo: bluf, bluf.





cuaresma,
entre la hierba
tres nazarenos



Ahora no los corto, ni pretendo escuchar su canto infantil y húmedo. El haiku admira la naturaleza en su sitio y, sobre todo, la deja en paz.

Llevo mucho tiempo andando y, será por la edad, no aguanto más. El hombre también es naturaleza, no solamente las flores y los cielos. Me aparto del camino y en ese escondite miccionario y púdico contemplo el paisaje.





al orinar...
los pétalos del almendro
motean la hierba