lunes, 9 de marzo de 2026

El peso de la corona

 


Miro esta acacia,con sus vainas negras, como el último adorno del invierno; en la base,  las flores blancas y naranjas  (la primavera); a su izquierda, un cedro del Líbano  (simboliza la inmortalidad) y, a la derecha, un ciprés, con su sombra de tibia descarnada.

Una estampa llena de opuestos  que me obliga a estirar las neuronas y despejar un leve dolor periférico de cabeza. El viernes transcurrió divertido, acobaltado y nocturno.

Me encontraba con los míos,  tomando una Alhambra verde y disfrutando. En la barra llevaba J. un rato solo y con rictus de aburrido. Me acerqué, sin previo aviso, a consolar el silencio. 

A J. le seduce la controversia con divertimento y las rancheras ratunas.  Las divagaciones ligeras de un viernes noche nos condujeron, después de un saludo,  a hablar de historia y de monarquía. Yo, cuando bebo, soy monárquico.  Por el contrario, J. es republicano y autónomo. 

Le intenté convencer de la grandeza de  Viriato contra las legiones romanas y de la marca de la casa de los Trastámara en la cultura hispana.

No lo conseguí, y si lo hice, no lo recuerdo. 

En estos momentos, el dolor periférico de cabeza no me deja pensar con claridad en el resto de la velada. ¡Debe ser el peso de la corona!




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