domingo, 8 de mayo de 2016




solar en venta,
sobre la valla húmedos
tres calcetines.




(2º premio del décimo concurso de  haiku de la Biblioteca Universitaria de Albacete)

domingo, 1 de mayo de 2016






Ayer me contaba mi hijo los jaleos que conlleva ser el administrador de trabajos informáticos en la universidad, lo cansado que está y me acudieron recuerdos, ¡siempre recuerdos! Un curso en el instituto  le quedaron cinco asignaturas, entonces  le recomendé que se preparara unas y, que otras las aparcara para el año siguiente, así llevaría los conocimientos más asentados, pero también le recalqué que la decisión recaía en sus manos.

- Me lo pensaré - contestó
 - Vale hijo, ya me dirás.- Sinceramente esperaba un sí, que se acomodara al consejo prudente que le daba, pero Gabriel sorprende en muchas ocasiones, creo que es cuando saca su mundo íntimo a la vida de los demás.

Al cabo de una semana le pregunté:

- ¿Qué has decidido?.
- No sé, me lo estoy pensando.- La cara de no sé, sonaba sincera, parecía perdido.

Sabía como es, aún lo sé, le dejé más tiempo. No suele llevar prisa en las venas, salvo para andar, porque camina siempre como si le persiguiera el tiempo.
Transcurrió otra semana y repetí la pregunta.

- ¿Qué has pensado?, ¿a cuantas te vas a presentar?
- No sé, me lo estoy pensando.- Estuvo  escueto y mohíno.

Esta vez me lo tomé algo peor, pero veía que se encerraba en su habitación y con libros, respiré y le recordé que las hojas del calendario caen como las de los árboles en otoño. (¡vale, sé que no fueron esas mis palabras, pero hubieran estado bien!)

Pasó julio con la calma chicha del verano y, en agosto, repetí la repetición.

- Hijo, ¿a cuántas te vas a presentar? ¿te has decidido ya?
- Si. - me lo dijo mirándome a los ojos.

Sinceramente me sorprendió, casi esperaba llegar a septiembre con la duda.

- Me presentaré a todas.- Contestó serio.
- ¿Te lo has pensado bien ?
- Sí. Lo quiero intentar - Seguía serio y con cara responsable (a medias).
- Muy bien, es tu decisión. A estudiar.

Y llegaron los exámenes de septiembre y, en efecto,  aprobó todo. Me asombró y, no solo a mi.

Y de cuando en cuando, me sorprende, ayer fue la última vez. En esta ocasión no fue por lo que me dijo, si no  por la hora, a las dos y media de la noche, yo me encontraba a medias de un ronquido, pero a él le pareció buen momento para hablar.

Un besaco hijo, hasta la próxima sorpresa, sea la hora que sea. Te quiero mucho.





lunes, 11 de abril de 2016

Cumpleaños


Hacía tiempo que no cantábamos juntos y, aunque no sonreíste con la idea, te dejaste llevar por el ayer de mis manos y nos sentamos con la guitarra. La primera fue una de Mecano  "Mujer contra mujer" no salió mal, y después pediste una de Presuntos Implicados "Nadie como tú", la cantamos un par de veces con más emoción que acierto, pero nos divertimos y eso fue suficiente. Cuando te marchaste, aunque no dije nada,  me la quedé como nuestra. Ahora la susurro como si continuaras a mi lado, porque la puedo cantar cuando te echo de menos - tal vez ya -

Te vi bien, alegre, habladora, sonriendo como si tramaras una travesura.  Te sentí caminante y buscando trozos a la vida en los que se pueda ser feliz, te intuí aprendiz de esos dolores que quedan  y de alegrías para renacer . Mientras pasan las historias que la vida trae, te buscas ocupaciones tatuadas de tiempo, pasado o futuro, anillas  en tu dedo un pequeño corazón indeleble, adornas los olores y las miradas, pegando todo a tu piel, tal vez para no sentir frío, ese frío que en ocasiones no sabemos por dónde nos viene.



Ahora que llega tu cumpleaños rememoro aquella tarde, recuerdos que pasan y quedan en mi.



Solo puedo animarte, como escribió Goytisolo en "Palabra para Julia", a que sigas caminando,  buscando, todos estamos en el camino. Algún día sabrás que nadie hay como tú y entonces estarás llegando.



cumpleaños,
en la guitarra canto
nadie como tú.

                                                                                Feliz cumpleaños, hija, un besaco.





sábado, 9 de abril de 2016

Navaja





Siempre que salía de la academia - ¡ya han pasado años! - al torcer la esquina de Pablo Medina a San Antón me tropezaba con una puerta que presumía de despacho de exportación de azafrán (hebras y bulbos), también con una cafetería estrechamente verde y con una tienda de navajas y cuchillos, en esta, en su escaparate, se exponían abigarradamente gran variedad de artículos con diferentes formas, precio y filigrana.


El caso es que, de entre todas las afiladas posibilidades que se mostraban, una me llamó la atención inmediatamente, la navaja que me cautivó era más grande que la que ya llevaba, tal vez demasiado para echarla al bolsillo, la contemplé despacio, igual que un niño su merienda  y, después de remirarla me marché casi arrastrando los pies. ¡Ahí se quedó!


Pero la academia seguía y la cafetería de al lado también, así es que, pasaba por esa cuchillería al menos dos veces diarias, cuando iba y cuando volvía de clase y, alguna más, si entre tema y repaso descansábamos con un café.


Esas oposiciones no fueron mi futuro, tuve que volver a Gaspar y seguir torciendo la esquina y fijándome, porque cuando localizas algo así en un escaparate, siempre que pasas por él lo miras de forma irracional, aunque solo sea para saber si sigue ahí la tentación, ignorando las demás oportunidades.

En fin, por no marear con esquinas y recuerdos, os diré que un día sin motivo emocionante que me pinchara me animé y la compré. Tal vez solo me cansé de mirar.

 Era de asta de toro, navaja bandolera de muelles y, en efecto, demasiado grande para llevarla encima. Me la dieron sin afilar y nunca lo hice, solo me gustaba oír su golpes intimidantes al abrirla.

de siete muelles,
para oír el clac, clac
la abro despacio.

viernes, 4 de diciembre de 2015



Después de comer, nada como el documental de la dos, instruye y, en ocasiones, ayuda a conciliarse en el sofá.
Hace un par de días emitieron uno en el que iban dos ingleses, creo, navegando entre diversas islas de Alaska buscando un gran oso grizzly, los más pequeños no interesaban y, mientras andaban en ello enseñaban como cazaban peces, abrían almejas o pastaban entre hierba, saliendo el locutor en el documental tanto como los osos.

Una de las cosas que me pareció más curiosa fue como los osos escarbaban con sus grandes zarpas en la tierra para comer raíces de abedul, estas - según el narrador - poseen las mismas cualidades que la aspirina (es cierto, lo he comprobado en google). ¡Y me maravilla como un animal puede saber esto! y  aún más,  ¡cómo puede transmitir ese conocimiento a sus oseznos! pero sobre todo, lo que me deja estupefacto es,  ¿cómo sabe el guapo locutor que le duele la cabeza al oso?

Esa tarde ya no concilié el sueño.


jueves, 3 de diciembre de 2015

En recuerdo a Javinchi

Ayer nos enteramos del fallecimiento de nuestro compañero de haikus Javinchi. Un hombre muy generoso, amante de haiku y de espíritu alegre.

Cuando llegaba desde Torrejón  los abrazos eran con una sonrisa incorporada. 
En las reuniones de la AGHA era firme con sus teorías.
Después de estar hablando y corrigiendo haikus, es costumbre en la AGHA,   tomarnos algo para aclarar la garganta y seguir charlando y teorizando. 

Escribí esto en diciembre de 2015. Termina con una fotografía alegre, sacándole la lengua a la vida.


EN RECUERDO A JAVINCHI



Nos fuimos Javinchi y yo al Cronos, un bar de plaza otoñada, adecuado para terminar la noche antes del alba. Luego llegó Llanos, sonriendo entre abrazos  - presume de ellos -.
Los tres sabemos beber, pedir y pagar y, mientras estábamos en eso, por hacer algo, hablamos de cosas; de la influencia del haiku en la poesía de Machado, de los universos paralelos y de las soledades.

Junto al agua negra.
Olor de mar y jazmines.
Noche malagueña.        A.M.

El Cronos conserva un lugar paralelo y cercano, la barra sigue siendo larga pero con astillas picadas -como si fuera palo de barco - con humo adivinatorio y chasquido de pipas, con gente que se besa y baila suave, con carpetas tiradas, con un hombre de rojo y su mahou raptada, con más gente que charla entre ellos sin oír nada y, otros tres como nosotros mismos hablando de si en otros mundos hay esperanzas.

pozo umbrío,
el silencio
de la piedra que cae.   Javinchi.

Los universos paralelos son infinitos, igual que las dimensiones - todo está escrito en arriesgados estudios de física cuántica - tal vez en alguna de ellas se crucen los fantasmas y alguno, de vez en vez, se encuentre por los lugares ajenos y se pierda y, al darse cuenta deje de ser.(?)

La noche mezcla lo temas y, pasamos sin esfuerzo de soleás múltiples a fantasmas japoneses y, de Machados paralelos a haikus en cinco, siete, cinco dimensiones.

Aunque yo no quiera,
yo, la desarraigada
huelo a tierra.             Ll.

Al despedirnos, mientra la luna sigue baja,  Javinchi regala plumas mágicas, azules y negras, en las que se esconden por igual,  poemas y manchas. Llanos pide de vuelta los  abrazos que dio al llegar. Yo les di la posibilidad de infinitas vidas paralelas.

Y, ahora que lo pienso,  fui el más generoso.

hoja de otoño,
la espina de la acacia
también da sombra.  J.A.