Leo Brouwer, compositor cubano, escribió "Un día de noviembre", una preciosa partitura de guitarra.
Al parecer estaba de gira por España y echaba de menos a su patria.
treinta años
y empezando la vida,
un día de abril
Leo Brouwer, compositor cubano, escribió "Un día de noviembre", una preciosa partitura de guitarra.
treinta años
y empezando la vida,
un día de abril
Los gatos no estaban en la entrada, demasiada gente entrando con flores y saliendo con recuerdos.
Aunque fue solo un momento, me acerqué al primo César y junto a él recordé a otro primo que descansa más lejano, Luis.
Solamente entrar y salir. Es un día de mucho tráfico y este tramo, La Roda- Albacete, se satura a partir de las cinco.
víspera de difuntos,
en el bolsillo
tres pétalos blancos
Hacía tiempo que no paseaba sin ánimo de medir tiempo o distancia. He ido a caminar por el Parque Lineal, solo un rato, a estirar piernas, a cicatrizar heridas umbilicales y a respirar.
Me he parado con los primeros árboles; en ocasiones los siento más seres, más presentes, por eso digo con, igual que me he detenido con Gerardo en la tahona para hablar de isquios y jubilaciones.
Gerardo es un muchacho que conocí preparando oposiciones y que ya se ha jubilado y al que siempre veo con sonrisa y cara de San José informático. Sé muy poco de su vida, aparte de que vive en la calle Gaona y que me hubiera gustado ser más amigo.
Pues digo, que el primer árbol ha sido una catalpa, el segundo un álamo, después un algarrobo loco o árbol del amor y por último un cedro. Me he detenido con cada uno de ellos un momento, mirando las hojas, las vainas y los troncos.
Después, un paseo disfrutando de las sombras frescas y lentas de la mañana y, de pronto, me cae de un árbol una miga de pan, He mirado alrededor, en ese momento ningún circunvecino. Ni peatón, semoviente o ciclista, se encontraban cerca.
He seguido unos paso más pensando y mirando caras de la gente que me cruzaba, tratando de adivinar quejas propias o alegrías de nietos.
Después a por panecillos integrales, saludar a san Gerardo y vuelta.
cae del álamo
una miga de pan,
pian los gorriones
viento frío,
aletean los pétalos
de los pensamientos
Los pensamientos toman su denominación del lenguaje de las flores de la época victoriana:su nombre científico es viola tricolor. El nombre de margarita se debe, posiblemente, a Aristóteles en su tratado de plantas. Si la florista lo busca en internet también lo sabrá.
Con el rastrillo de mano hoyo la tierra húmeda de la jardinera de madera y acurruco a los dos pensamientos al lado del romero más alto. Las manos se ensucian con miedo; se mete entre las uñas el compost nuevo y arranco con ayuda de unas tijeras de podar unas raíces leñosas y secas.
Terminado el trasplante montamos en el coche, se nos ha hecho algo tarde y corro más de lo permitido, por la A-31, para que no nos cierren. Por la mañana el horario es de nueve a una. Llegamos a menos veinte Las puertas de hierro siguen abiertas. Unas mujeres encalan tristemente unas calvas de la tapia.
Unos pocos pasos al frente, luego se gira a la derecha y posteriormente a la izquierda: en la de abajo.
Los tallos son demasiado largos; con la navaja acomodo las flores al tamaño del jarrón; las colocamos con la misma ternura que se dan dos besos.
corto los tallos
de las margaritas,
para mi padre
Nunca he sido de dejar mucha propina en bares y restaurantes, vamos que, siendo sincero, casi nunca he dejado. Pero pasan cosas que ...
doce de abril,
ya dejo propina
al tomar una cerveza
Y no todo va a ser espuma,
Martes Santo,
las saetas se mojan
en el silencio de Sevilla
Muchas felicidades, hija.
- He oído pasos.
Creo que ha sido mi madre quien lo ha dicho.
Y de pronto... se va la luz. La casa a oscuras, apenas se ven nuestras siluetas.
Todo el mundo calla con cierto nerviosismo aguardamos a que alguien se levante y atine a dar los plomos.
Hace un rato en la calle, casi llegando a casa de mis padres, mi sobrina María ha visto con total seguridad como se recortaban unas figuras cruzando la luna llena.
Es la hora de cenar y todos esperamos entre el comedor y la cocina contigua: abuelos, padres, hijos y la tía Carmen; un total de once.
Los cuatro críos son los más inquietos. Los demás agudizamos el oído. Mi padre da por fin la luz y nos vemos la cara. Mi madre se adelanta a todos y, cruzando el pasillo vacío, abre la puerta del salón con mucho cuidado; nota como entra una corriente de frío, la puerta de la terraza - que en invierno siempre está cerrada- se encuentra abierta.
- ¡Veo unas capas! – grita mi madre.
Nadie se marcha del comedor, los chiquillos remueven su inocencia cada vez más inquietos y le dan la mano o se abrazan a quien se encuentra más cerca.
La bandeja de mantecados, vacía; las copitas de anís, a medio beber.
- ¡Vamos, venid todos!
papeles de regalo
tirados por el salón,
noche de reyes