jueves, 22 de agosto de 2019
lunes, 12 de agosto de 2019
Haiku
Con distanciarse algún kilómetro de las nuevas farolas de Albacete el cielo se va llenando, disciplinadamente, de estrellas.
En la parcela, Jesús y Concha, van marcando el universo con referencia a sus árboles: la luna a estas horas detrás del pino; Casiopea a la izquierda del laurel ...
lágrimas de San Lorenzo,
dormido en la hamaca
toda la noche
En la parcela, Jesús y Concha, van marcando el universo con referencia a sus árboles: la luna a estas horas detrás del pino; Casiopea a la izquierda del laurel ...
lágrimas de San Lorenzo,
dormido en la hamaca
toda la noche
martes, 6 de agosto de 2019
Parece un juego, pero en la comarca de Sigüenza coexisten sin rencillas patrón de invierno - San Vicente - y patrón de verano - San Roque -un río llamado Salado y otro Dulce.
El río Salado guarda unas salinas que pueden verse en la carretera que va de Sigüenza hasta Atienza. Según nos ha contado una camarera, parlanchina y eficaz, las de Imón son las más antiguas de interior de toda la península; ya la aprovechaban los romanos en el siglo I.
Al pasar por allí nos detuvimos a la primera posibilidad, los rayos del sol caían sobre las finas escamas saladas y rebotaban sin perder intensidad. Entre el guiño y la admiración, nuestras caras debía ser extrañas. La carretera divide y cruza el campo salado. Quedan aún en pie, pequeñas casetas entre el agua, los canales y las artesas. Unos rótulos, sin latín, muestran que se han podido explotar hasta hace pocos años.
Oigo un zumbido extraño y miro.
Venimos de Palazuelos, un pequeño pueblo que conserva toda su muralla, le dicen la pequeña Ávila.
Aparcamos en la plaza y desde allí se escucha con claridad un zumbido, miramos y no sabemos de donde viene. Uno, de los cuarenta y ocho habitantes censados, riega las flores que adornan el pueblo y hablamos con él. Lo mejor de todas las murallas son sus puertas. Tomamos una con un reloj en alto, a la izquierda, detenido en algún abandono.
Fuera de la muralla, cerca de la puerta, un lavadero en uso; al acercarnos nos damos cuenta de que cientos, miles de avispas bullen y amarillean la zona. Nos acercamos con cuidado, pero nos tropezamos con un par de ellas y nos damos la vuelta sin reparos. Una acequia que bordea la muralla se encuentra también repleta. Entramos por donde hemos salido.
desde la plaza
ya se escucha
el zumbido de las avispas
domingo, 28 de julio de 2019
Por la mañana del sábado, ya de vuelta del Mercado de Villacerrada; dos bolsas: una con caracoles pequeños y otra con unos filetes de secreto adobado y panceta tierna. Sin pretenderlo miras a la gente con la que te cruzas con cierto desdén y superioridad. El día se presenta con hambres ya saciadas.
En la calle Mayor un señor de unos sesenta años anda recto y torcido, simultáneamente. Los pies le encaminan hacia el norte el cuerpo al este, la cara es seria sin desnorte y parece que sabe a donde va, alguna parte de él.
Detrás camina otro de más edad, con traje clásico, arrugas en los ojos y un pendiente; una cruz latina en plata cuelga - o baila - de su oreja grande, rompiendo la desarmonía del traje.
El tercero va de un blanco lento: zapatos, pantalón, americana y un sombrero de ala ancha, ancha. La camisa resalta en verde pistacho, la corbata blanco roto y un bastón con la cabeza amarfilada de algún animal. Va con las comisuras desdentadas y mordiendo el aire en cada paso. Noventa años puede ser que los llene y la cara afilada, diría, que es el regocijo de los últimos paseos.
Mercado de Villacerrada,
el del puesto sin gente
mira a los que pasan
domingo, 14 de julio de 2019
Llevaba algún tiempo con la pereza enganchada a las zapatillas y no salía a caminar. Hoy, en la terraza, el aire fresco me ha empujado fuera de la casa. Y la naturaleza de siempre, de muchos días, algo olvidada, me ha provocado paradas, intenciones y haikus. Haikus de libreta, sin pensar mucho, sin retocar (ya lo haré) pero eso no es muy importante, te detienes y miras lento.
caen las flores
de la acacia...
la abeja liba
la flor de la acacia,
otras en el suelo
(¿Las abejas liban o solamente las mariposas?)
la abeja liba
en vuelo
la flor de la acacia
No sé contar todo lo que veo, ni se debe decir. Y la naturaleza sigue sorprendiendo. Se distinguen muy bien las sóforas (una clase se acacias) al estar en floración y las voy viendo de lejos y las cuento.
Me llaman la atención unos vencejos que vuelan a ras del suelo, del césped, una y otra vez. Un gorrión detrás de ellos parece que quiere imitarlos, jugar a su mismo juego.
cae la flor de la acacia,
vuelan a ras del césped
los vencejos
Escucho la radio, a Pepa Fernández que el próximo fin de semana celebran la vigésima temporada. Escuchar no me impide mirar.
En este trozo del paseo es el único de Albacete que he visto unos árboles que se llaman de los farolillos. Presentan unas cápsulas que parecen, eso, farolillos. Bajo estos la lavanda florecida les aporta fragancia.
bajo la sombra
de los farolillos
la flor de la lavanda
He llegado al punto donde me doy la vuelta, aquí comienza otra ruta que no hago mía. Vuelvo por calles diferentes.
A la derecha, en la acera, haciendo ya sombra observo unos árboles jóvenes, son iguales a los que hay en ese momento en el paseo, pero eso, con menos tiempo.
el plátano joven
no tiene escamas
y ya da sombra
No quiero decir nada en este haiku, aunque lo parezca.
Loa farolillos también se adornan con flores, como la acacia, flores de estío.
Llevo unos días observando volar alto a las palomas, así, en ese vuelo celeste, parecen más libres, más pájaros que cuando van en el parque en busca de los gusanitos que arrojan o se le despistan a los críos.
Cruzo por un jardín, el de Félix Rodríguez de la Fuente: unas hermosas rosas lo adornan, mi rosal se secó ya hará un mes, nos duró poco. También veo correhuelas blancas.
en el jardín
setos de correhuelas,
vuela alto la paloma
Cuando voy a cruzar, ya perdiendo el paseo, caen hojas de acacia sobre el césped, se nota perfectamente las dos clases de verdes.
la flor de la acacia
de verde más claro
en el césped
Más de una hora andando, voy pensando en el almuerzo. Y me cruzo con un hombre que lleva una bolsa de papel calada de aceite de churros. Le pregunto por dónde se encuentra la churrería y mientras me lo indica soy consciente que he salido sin dinero. No obstante sigo el camino que me ha indicado, por cortesía.
Casi llego, la calle repleta de coches aparcados, uno tras otro, sin apenas espacio entre ellos.
treinta coches
aparcados en batería
y una caca de perro
No todo son flores. Pero el paseo ha merecido la pena, ya con tiempo modificaré los haikus.
martes, 4 de junio de 2019
III Concurso internacional "LA LUNA ROJA"
He tenido la fortuna y el honor de ganar el primer premio del III Concurso internacional de haikus "La Luna Roja"
Participé con estos seis haikus:
noche de otoño,
se marca en mi espalda
su abanico
viento helado,
el río tuerce sus aguas
entre las rocas
bajo la neblina,
detrás de la valla
el almendro en flor
limpio horizonte,
los girasoles cabizbajos
hacia el este
bajo la lluvia,
las chumberas enfermas
también verdean
frente a la cascada
las hojas del haya
balanceándose
jueves, 23 de mayo de 2019
Tenía la cabeza pequeña, debía ser gata. Iba despacio y rubia, caminando elegante y con un ligero botar que me llamó la atención; entra sin que el corazón se altere, el mío se aflige en el zaguán.
El sol de la tarde tumba las sombras: la de la tapia, la de los árboles y las de los saludos. Tuerzo enseguida a la derecha y luego a la izquierda. A las flores enjarronadas aún se les nota el color pero apuntan a mustias; mi hermana Concha no tardará en pintarlas y rociarlas de un nuevo aroma.
Unas hormigas corren ordenadamente una tras otra, rápidas como si se terminara el verano; los pájaros trinan en vaivén formando el silencio.
La visita es corta, nunca he sido hombre de muchas palabras y ahora tampoco de rezos. Antes de salir me acerco a recordar a mi primo César.
sombra de ciprés,
las hormigas en hilera
por la lápida de mi padre
El sol de la tarde tumba las sombras: la de la tapia, la de los árboles y las de los saludos. Tuerzo enseguida a la derecha y luego a la izquierda. A las flores enjarronadas aún se les nota el color pero apuntan a mustias; mi hermana Concha no tardará en pintarlas y rociarlas de un nuevo aroma.
Unas hormigas corren ordenadamente una tras otra, rápidas como si se terminara el verano; los pájaros trinan en vaivén formando el silencio.
La visita es corta, nunca he sido hombre de muchas palabras y ahora tampoco de rezos. Antes de salir me acerco a recordar a mi primo César.
sombra de ciprés,
las hormigas en hilera
por la lápida de mi padre
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